CHOQUE CULTURAL: EL GRAN DESAFÍO PARA LOS MIGRANTES

Migrar supone un desgarro. Eso lo sabemos todos los que dejamos nuestro país de origen y nos instalamos en otro. Incluso si todo marcha sobre ruedas, debemos admitir que es un proceso complejo, donde el costo emocional a veces es elevado. ¿Y por qué si lo planeamos, si lo pensamos como un cambio para bien, no es tan facil? ¿Por qué aunque lo hayamos decidido concienzudamente, no resulta tan sencillo como lo esperábamos?

La respuesta se resume en dos palabras: choque cultural (el famoso culture shock). Cuando nos mudamos de país cambiamos, además de la geografía, esas coordenadas que estructuraron y orientaron nuestra vida hasta el momento de nuestra partida. Así es. Cambiamos de cultura. En cuanto empezamos a instalarnos en otro país comienza un camino de reajuste entre lo que sabemos y damos por sentado y ese modo distinto de hacer las cosas, las que predominan en nuestro nuevo hogar.

En este sentido, el choque cultural ocurre cuando alguien experimenta la pérdida de lo familiar, junto a la presencia abrumadora de un mundo cultural que está, al menos al principio, más allá del entendimiento.

  • ¿Por qué se ofendieron si lo que dije fue un chiste?
  • ¿Por qué pensó que quería tener sexo?
  • ¿Por qué me trata de esa manera?

La lista de situaciones por las que podríamos pasar es infinita. Sin embargo en cada caso podemos constatar que, en comparación con la experiencia en nuestro país de origen, el malentendido resulta porque las reglas cambian, la gente es distinta, los símbolos y el paisaje son diferentes y, por todo esto, la comunicación se vuelve básica (especialmente si no dominamos el idioma); cada encuentro se vuelve potencialmente amenazante.

La sensación es, además de todo, frustrante. Nuestra ignorancia sobre las reglas y los modos se hace evidente y es obvio que un niño nativo, bajo las mismas circunstancias, funciona mejor que nosotros. En consecuencia, la autoestima se resquebraja y la confusión y la falta de poder sobre la propia vida genera sensaciones de duda. Por todo este estrés, no es de extrañar que podamos identificar el choque cultural a partir de ciertos indicadores, tales como enfermedades físicas, aislamiento, irritabilidad, desórdenes del sueño y/o la alimentación, miedo generalizado (o fobias específicas), exceso de emocionalidad o dificultad para expresar los sentimientos, hostilidad e incluso síntomas que en nuestro país de origen son relacionados con la locura.

Como puede verse, la lista es amplia, y no es poca cosa. El choque cultural es, podría decirse, la principal amenaza a la salud mental de los newcomers. Por eso es importante prestar atención a las sensaciones de malestar físico y emocional, tanto como buscar la ayuda adecuada, no sólo para los síntomas sino para resolver la causa de dónde provienen.

Algunas recomendaciones útiles en este particular:

  • Acepta que todos estamos expuestos, en mayor o menor medida al choque cultural. No tiene nada que ver con una supuesta debilidad tuya, sino con la naturaleza del proceso migratorio. Esa sensación de desorientación o tristeza indica que eres humano y que respondes como tal.
  • Busca apoyo para hacer más llevadero el proceso de aprendizaje de la nueva cultura. Esto implica utilizar los servicios que prestan los centros comunitarios, dedicar tiempo para aprender y perfeccionar el idioma, identificar las reglas no escritas de la cultura que te acoge (mediante la observación, por ejemplo), desarrollar amistades variadas y saludables.
  • Prepárate para las equivocaciones que puedas cometer. Reconoce cuando ocurran, pide disculpas si es necesario y toma la experiencia como una oportunidad para el aprendizaje. Este es un ejemplo concreto y de primera mano: recién llegado (y ya no tanto) tenía la costumbre de decir “that’s fine” cuando escuchaba una frase en inglés que no entendía, pero que sonaba como que esperaban un comentario de vuelta. La estrategia me funcionó hasta que una vez obtuve por respuesta un “what??!!!!” que obviamente indicaba que había metido la pata. Mi interlocutor me contaba que se iba de la ciudad a visitar a una amiga (la parte que yo capte) porque le habían diagnosticado alzheimer (la pieza clave que no entendí). El momento fue incómodo, pero se resolvió cuando reconocí que no había entendido la última parte y que lamentaba que esas fueran las circunstancias para su viaje. Recuerda que es fácil notar que aún estás en el proceso de aprendizaje de las reglas y los modos de la nueva cultura. Usa ese comodín, pues es legítimo: estás recién llegado y estás aprendiendo.
  • Ten actividades recreativas y ocúpate de dormir y comer bien. Adaptarse a una nueva cultura implica una sobrecarga, un esfuerzo extra. Aún recuerdo la primera vez que no hablé español en todo el día. Lo noté por el dolor de cabeza al llegar a mi casa. Precisamente porque es un trabajo extra, es importante cuidarse. Esto incluye forzarte a salir en invierno, si tu tendencia es a hibernar durante esa temporada.
  • Por supuesto, te será de mucha ayuda buscar apoyo profesional para seguir tu travesía del mejor modo posible. Consigue un asesor o terapeuta con quien te sientas cómodo y que, a la vez, te ofrezca estrategias y soluciones concretas a los problemas que afrontas en tu día a día. Si bien es cierto que muchos de los patrones y reacciones problemáticas son producto del pasado, no por hablar de ello va a resolverse el choque cultural, necesariamente. De hecho, no se trata de entenderte, sino de transformarte. De nada sirve el “yo se lo que me pasa” si no sabes cómo sentirte bien.

De hecho, el choque cultural se resuelve cuando emerge una nueva identidad, esa que integra lo que valoras de tu cultura de origen junto a lo que necesitas para funcionar adecuadamente en tu nueva cultura. Es una aventura muy interesante; ya no serás de allá, ni serás completamente de acá; serás, al menos, bicultural; serás una síntesis particular resultado de tus propias vivencias. Por eso es bueno que te ocupes de gerenciar este proceso. Hay mucho espacio para que este camino sea además de complejo, gratificante.

DEL TRAUMA A LA COMPASIÓN

Sabes que tu alma está herida si:

En vez de ver las oportunidades que el presente te ofrece, te lamentas de tu pasado. Tu energía mental está como la sangre alrededor de la herida, ocupada tratando de sanar, de crear nuevos tejidos para formar una cicatriz que te haga menos sensible. Desestimas todas las cualidades positivas que te han ayudado a sobrevivir hasta ahora.

En vez de buscar tu felicidad por tus propios medios y a cualquier costo, tienes una lista de responsables para tus desgracias. Quizás no lo veas claramente, pero en el fondo ese odio y ese resentimiento no son más que formas de mantenerte vinculado con el pasado. En tu cabeza tienes a esa gente como testigos y, en cierta forma, te mantienes heridx para mostrarles sus faltas.

En vez de disfrutar lo que puedas aquí y ahora, te la pasas quejándote, triste o irritadx. Terminas siendo muy buenx para detectar lo que no funciona, para ver los defectos de los demás y para sentirte atacadx siempre. Estás a la defensiva.

No crees en ningún tipo de inocencia y, por eso, tu sentido del humor es siempre ácido y corrosivo. Buscas demostrar que tú si sabes cómo son las cosas, y siempre son muy feas.

Crees tener un estricto sentido de la moral y te queda muy fácil clasificar a las personas. Usualmente solo tienes dos categorías –buenos y malos. Te parece que hay que acabar con los segundos. Te cuesta ver las complejidades y los infinitos matices entre blanco y negro. Incluso en ti mismo.

No encuentra pareja, no tienes amigos o son muy pocos; “¿donde está la gente que vale la pena, te preguntas?”. No te das cuenta que, primero, no valoras a las personas de carne y hueso por lo que son sino por lo que deberían ser según tu criterio. Segundo, eres incapaz de ver que mucha gente te percibe como pesadx o tóxicx por todas las otras actitudes señaladas anteriormente.

Nadie amargo se ha caracterizado por tener una vida feliz. Este es el punto crucial. Como individuos, no podemos cambiar al mundo y su realidad, especialmente cuando pensamos que el resto del mundo está errado, pero nosotros no.

Si quieres salir de este círculo vicioso, empieza por donde vas a tener éxito: por ti mismo.

  • Ubica esos eventos injustos que te ha tocado vivir. Míralos desde fuera como si de una película se tratara. Ubica lo que faltó (p.ej. entendimiento) o lo que sobró (p.ej. crueldad) en esas situaciones, siempre desde la perspectiva de un observador externo, como cuando ves una película conmovedora en el cine.
  • Siente compasión por el personaje (tú en la película), tanto por los demás que de seguro tuvieron razones (que pudieron ser erradas, limitadas o lo que sea). Recuerda, no se trata de justificar, sólo de entender. Así es como te liberarás del pasado.
  • Perdónate porque de seguro eres inocente(especialmente si eras pequeño o fue un abuso sexual o de poder).
  • Reconoce que ya pasó, aunque siga en tu mente como recuerdo. Este, por cierto, es un mantra excelente para repetir cada vez que sea necesario.
  • Reconoce y acepta toda la fuerza interna que tienes. Si no me crees ¿Cómo se supone que aguantaste tanto?
  • Identifica los detonantes actuales que disparan emociones asociadas del pasado (p.ej. susto cuando la gente se ríe a tu alrededor).
  • Acostúmbrate a hacer un “chequeo de realidad” cada vez que sea necesario (ya va, si el evento ya pasó, ¿de qué se ríen? Seguro no es de mí; es de algo que no estoy viendo aún).
  • Obsérvate y verás que ahora, en el presente, sí eres responsable de las respuestas que encuentras alrededor. Pregúntate ¿qué tengo que hacer para ser más ligerx y caer mejor? (recuerda, de seguro la pelea es en tu cabeza con gente del pasado. Deja de ver a los de ahora como si fueran los de tu historia íntima) Relájate y aprende a confiar. Eso sí, poco a poco y a tu paso. Tu cuerpo necesita entender que estás, definitivamente, en otra situación.
  • Trátate con cariño, mucho cariño. Además, recuerda que se vale buscar ayuda profesional. No importa que tan grave sea el trauma, con la actitud y el apoyo adecuados terminan siendo algo así como susurros de fantasmas.