
Sabes que tu alma está herida si:
En vez de ver las oportunidades que el presente te ofrece, te lamentas de tu pasado. Tu energía mental está como la sangre alrededor de la herida, ocupada tratando de sanar, de crear nuevos tejidos para formar una cicatriz que te haga menos sensible. Desestimas todas las cualidades positivas que te han ayudado a sobrevivir hasta ahora.
En vez de buscar tu felicidad por tus propios medios y a cualquier costo, tienes una lista de responsables para tus desgracias. Quizás no lo veas claramente, pero en el fondo ese odio y ese resentimiento no son más que formas de mantenerte vinculado con el pasado. En tu cabeza tienes a esa gente como testigos y, en cierta forma, te mantienes heridx para mostrarles sus faltas.
En vez de disfrutar lo que puedas aquí y ahora, te la pasas quejándote, triste o irritadx. Terminas siendo muy buenx para detectar lo que no funciona, para ver los defectos de los demás y para sentirte atacadx siempre. Estás a la defensiva.
No crees en ningún tipo de inocencia y, por eso, tu sentido del humor es siempre ácido y corrosivo. Buscas demostrar que tú si sabes cómo son las cosas, y siempre son muy feas.
Crees tener un estricto sentido de la moral y te queda muy fácil clasificar a las personas. Usualmente solo tienes dos categorías –buenos y malos. Te parece que hay que acabar con los segundos. Te cuesta ver las complejidades y los infinitos matices entre blanco y negro. Incluso en ti mismo.
No encuentra pareja, no tienes amigos o son muy pocos; “¿donde está la gente que vale la pena, te preguntas?”. No te das cuenta que, primero, no valoras a las personas de carne y hueso por lo que son sino por lo que deberían ser según tu criterio. Segundo, eres incapaz de ver que mucha gente te percibe como pesadx o tóxicx por todas las otras actitudes señaladas anteriormente.
Nadie amargo se ha caracterizado por tener una vida feliz. Este es el punto crucial. Como individuos, no podemos cambiar al mundo y su realidad, especialmente cuando pensamos que el resto del mundo está errado, pero nosotros no.
Si quieres salir de este círculo vicioso, empieza por donde vas a tener éxito: por ti mismo.
- Ubica esos eventos injustos que te ha tocado vivir. Míralos desde fuera como si de una película se tratara. Ubica lo que faltó (p.ej. entendimiento) o lo que sobró (p.ej. crueldad) en esas situaciones, siempre desde la perspectiva de un observador externo, como cuando ves una película conmovedora en el cine.
- Siente compasión por el personaje (tú en la película), tanto por los demás que de seguro tuvieron razones (que pudieron ser erradas, limitadas o lo que sea). Recuerda, no se trata de justificar, sólo de entender. Así es como te liberarás del pasado.
- Perdónate porque de seguro eres inocente(especialmente si eras pequeño o fue un abuso sexual o de poder).
- Reconoce que ya pasó, aunque siga en tu mente como recuerdo. Este, por cierto, es un mantra excelente para repetir cada vez que sea necesario.
- Reconoce y acepta toda la fuerza interna que tienes. Si no me crees ¿Cómo se supone que aguantaste tanto?
- Identifica los detonantes actuales que disparan emociones asociadas del pasado (p.ej. susto cuando la gente se ríe a tu alrededor).
- Acostúmbrate a hacer un “chequeo de realidad” cada vez que sea necesario (ya va, si el evento ya pasó, ¿de qué se ríen? Seguro no es de mí; es de algo que no estoy viendo aún).
- Obsérvate y verás que ahora, en el presente, sí eres responsable de las respuestas que encuentras alrededor. Pregúntate ¿qué tengo que hacer para ser más ligerx y caer mejor? (recuerda, de seguro la pelea es en tu cabeza con gente del pasado. Deja de ver a los de ahora como si fueran los de tu historia íntima) Relájate y aprende a confiar. Eso sí, poco a poco y a tu paso. Tu cuerpo necesita entender que estás, definitivamente, en otra situación.
- Trátate con cariño, mucho cariño. Además, recuerda que se vale buscar ayuda profesional. No importa que tan grave sea el trauma, con la actitud y el apoyo adecuados terminan siendo algo así como susurros de fantasmas.