RELÁJATE: EL SUEÑO DE LA PLAYA

Norman Rockwell Triple Autoportrait, Triple Self-portraitAl comentar este sueño de una persona que me sigue en twitter, quiero aprovechar la oportunidad para destacar cómo en las relaciones 2.0 se dan los mismos fenómenos que en la vida cotidiana, la 1.0. El medio cambia pero las mentes siguen siendo las mismas; funcionando siempre del mismo modo.

De manera general conocemos a alguien y, a falta de información, comenzamos a asumir, intuir… a proyectar nuestra fantasía. Eso que depende de elementos concretos (e.g. “esos ojos me inspiran ternura”, “se ve que es inteligente”) se vuelve difuso en los encuentros virtuales y, paradójicamente, la falta de señas hace que sea más fácil proyectarnos (¿cuántas veces no nos hemos decepcionado de conocer en persona a alguien que durante nuestros encuentros por Internet imaginábamos completamente distinta?). Mientras menos podamos identificar las características del otro, más rápido nos proyectaremos, colocando allí afuera lo que, en última instancia, nos pertenece.

Ese es el “truco” del psicoanálisis. Un profesional entrenado en la técnica de suprimir su propia subjetividad – mantener la cara de póquer – señala a quien se sienta en su diván quién (o qué) es ese Otro que el analizante engancha en la figura del analista. Este desplazamiento, la actualización de relaciones primordiales en la relación analítica, es lo que se conoce como transferencia y es lo que sostiene al proceso de análisis. El psicoanalista, si se coloca en la posición que corresponde, sólo le interesa la verdad de ese sujeto y no se entristece, ni se molesta… no demanda nada salvo que ese que se acuesta en el diván se entregue a la experiencia de la asociación libre.

Lo curioso es que desde la perspectiva del analizante, el psicoanalista debería saber lo que le pasa; “dígame lo que tengo”, “cuál es mi diagnóstico”, “qué es lo que piensa de mí”, “¿soy normal o estoy muy loco?” serían las formas más obvias de esta pretensión, a saber, que el analista sabe. Se dice entonces, que el analista es colocado por el analizante en en el lugar supuesto-saber.

El lugar supuesto-saber, “hay alguien que no soy yo que sí sabe sobre mí”, puede aparecer proyectado en sueños. Por eso me he permitido este rodeo, para dar contexto al sueño en cuestión en este post.

Te vi en una casa de playa. Junto a otras personas mirábamos el mar pero ninguno entró a bañarse. Tú estabas contento con otro grupo de mujeres y me decías “anda ponte el traje de baño y toma el sol”.

Comencemos por los elementos clave: una casa de playa, personas mirando el océano pero ninguno se baña, mi persona, la relación con el grupo de mujeres y con la soñante y la orden y el mensaje con el que termina el sueño.

La persona que tuvo este sueño no sabe mucho mí, aunque sabe que soy psicólogo y que interpreto sueños. A propósito de esto, mi presencia en su sueño indica algo de ella, no de mí; es una fantasía proyectada. Los sueños siempre hablan del soñante, no de las personas que aparecen en el sueño.

De igual forma, para la interpretación lo más importante es la asociación libre del soñante. En estos posts, sin embargo, me aventuro a lanzar algunas ideas a modo de hipótesis de trabajo.

Lo primero que me llama la atención es la ubicación: la playa, el mar, y el hecho de que los protagonistas no se aventuren a meterse al agua. La mayoría de las veces resulta útil pensar en el mar como el inconsciente. “Ninguno se baña”. Entre esas partes internas, las personas, y el mar, hay una distancia, se encuentran separadas. El sujeto se encuentra dividido y el sueño anuncia que hay contenidos inconscientes que podrían aparecer. ¿Qué pasaría si esas personas se bañan en el mar, entonces?

A la vez, yo aparezco contento con otro grupo de mujeres. Este es el lugar supuesto-saber y la imposibilidad de alcanzarlo (“está con ellas y no conmigo”), a la vez que se obtiene una orden – ponte el traje de baño – y un consejo que, en última instancia, puede traducirse en “relájate”. El comando sobre el traje de baño podría ir en varias direcciones; por un lado, a desestimar la seducción, a la vez que la sugiere y por el otro, el de ponerse el traje apropiado para la ocasión. Podría decir una que otra cosa acerca de cómo se percibe a sí misma esta persona; pareciera que, conscientemente, no confía mucho en sí misma. Casi estoy tentado a decir que, aunque dividido, no quiere saber. Limitémonos a decir entonces: prepárate para hacer tu trabajo pendiente y relájate.

Cambiemos de lenguaje para hacer más accesible la cosa. Las partes de un sueño, de acuerdo a la psicoterapia gestalt, son partes del mundo interno que aparecen proyectadas. Ese Carlos sería una proyección de lo que algunos llamarían “el terapeuta interno”. Si seguimos con la idea de la autoconfianza, ésta se encuentra proyectada en otros, y parte del proceso sería recuperarla; tomar consciencia que de ella nadie, salvo ella misma, puede saber.

Este proceso podría empezar investigando qué es todo eso que la soñante ha puesto en mí; cuál es su fantasía respecto al Carlos de carne y hueso. Un terapeuta gestáltico propondría algunos ejercicios para reapropiarse de la proyección; para empezar a asumir esa sabiduría interna, esa posibilidad de autoconocimiento. Desde el psicoanálisis lacaniano, yo diría que ella está en transferencia y, si yo fuese su analista, que no lo soy, la invitaría a pasar del sillón de las sesiones preliminares al diván. A empezar a bañarse en el mar, como quien dice.

Por otra parte, y esto tiene que ver con el hecho de que ella no es mi cliente pero probablemente está en alguna forma de psicoterapia, el mensaje es claro: tómatelo con calma. Conocerse a uno mismo implica aprender a seguir el paso del self, del sujeto (o cualquiera de los otros nombres que se usen de acuerdo al modelo del profesional), antes que imponer el ritmo de la consciencia, de las presiones del “ya debería haber resuelto esto”, “yo debería controlar tal cosa” o “si me apuro terminaré más rápido”.

El tiempo de la terapia o del análisis no se determina. Uno se lanza a la aventura (¿al agua?) y lo mejor es no buscar, porque en el camino siempre algo se encuentra. Tarea: leer el poema de Kavafis, Itaca.

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¿QUÉ ES LA TERAPIA ORIENTADA A SOLUCIONES?

Una colega muy querida me preguntó a qué me refería cuando en mis tarjetas de presentación colocaba que ofrezco “psicoterapia orientada a soluciones“.

La pregunta es muy pertinente, pues lo común es que el servicio profesional de un psicoterapeuta se ofrezca de manera genérica (v.g. “practica privada de la psicoterapia”) o a partir del modelo teórico desde el cual se practica (v.g. “psicoanalista”, “terapeuta gestalt”, entre otros). En mi caso, me parece importante aclarar que mi eje no es un modelo en particular, sino el lugar desde la cual ejerzo mi profesión.

Si algo puede decirse de la terapia centrada en soluciones es que es una actitud, una manera de usar las teorías y las técnicas propias de la psicoterapia de un modo que marcan distancia con respecto a las aproximaciones tradicionales. En este punto vale decir que mucha agua ha corrido desde que la psicoterapia contemporánea se iniciara, allá en 1900, cuando Freud publicó La Interpretación de los Sueños. La psicoterapia es un campo amplio y dinámico – una disciplina por mérito propio – donde es posible, e incluso necesario, pensar más allá de la técnica psicoanalítica o de los procedimientos conductistas.

Hoy más que nunca estamos frente a un cúmulo de información, de experiencias clínicas y de investigación que nos permite pensar que:

1. ‘Entender’ no significa resolver un problema. Con mucha frecuencia recibo clientes que han tenido experiencias previas de psicoterapia. Algunos dicen haber entendido mucho (“yo se lo que me pasa”); otros no saben cómo calificar el proceso anterior en la medida en la cual no pueden referir ninguna ganancia concreta (eliminación del síntoma, o adquisición de una nueva destreza o algún cambio en la situación que los llevó a terapia). En ambos casos vienen a terapia, usualmente con el mismo problema aún sin resolver.

La terapia centrada en soluciones empieza precisamente por definir en qué consiste el éxito de la terapia, para luego orientar todos sus esfuerzos en lograrlo. Hay indicadores específicos y concretos establecidos de antemano que permiten evaluar las intervenciones. Por supuesto, el trabajo continúa con lo que es la marca fundamental de esta aproximación: redefinir el problema de manera que sea resoluble. Así, por ejemplo, un cliente me dice que (y me muestra cómo) no puede contener la ansiedad y la tristeza ante el temor de perder a sus nietos. Luego de la entrevista inicial ese problema queda redefinido, a la vez que creamos un plan de acción para ser puesto en marcha: esa experiencia de hace 20 años, la separación de tu familia, te marcó al punto de traumatizarte. Vamos a eliminar este componente traumático y vamos a desarrollar las destrezas para que puedas ver esta situación de ahora  -la pelea por la custodia de los nietos- por lo que es (y no por lo que te pasó). Con esto podrás tomar decisiones que sean más útiles y efectivas en este momento. Al chequear con el cliente, esta re-descripción le hace sentido y se va de la primera sesión sorprendido, por un lado, y esperanzado, por el otro.

2. La transformación es una experiencia acerca del resultado, no acerca del medio por el cual se logra. Cuando escribes un documento en Word, ¿necesitas saber cómo el software fue elaborado? ¡En lo absoluto! Te interesa que el documento tenga las características que le has asignado a la hora de escribirlo o imprimirlo. Así mismo pensamos en la terapia orientada a soluciones: el cliente es el experto en su experiencia de vida y en lo que quiere lograr, y el terapeuta es un consultor que tiene experticia en técnicas para conseguirlo. Es una relación entre personas al mismo nivel, trabajando en pro del beneficio de ambos (bienestar por el lado del cliente, crecimiento profesional por el lado del terapeuta).

Dos ejemplos al respecto. El primero, el caso típico cuando alguien sabe que trabajo con hipnosis: “¡ay! ¡yo quiero que me hagas una  hipnosis!“. Pregunta obligada: ¿y para qué? Dime qué te gustaría lograr (o por lo menos cuál es el problema). Cuando desplazamos el énfasis a la solución, nos interesa la efectividad y la eficiencia, antes que la lealtad a o el fetichismo por una técnica. Como todas, la hipnosis tiene un foco, un rango y, por supuesto, contraindicaciones. ¿Quieres cambiar un hábito, como dejar de fumar o alcanzar tu peso ideal? ¡De seguro la hipnosis te puede ayudar! ¿Tienes un trauma que quieres superar? Pues entonces comencemos con EMDR (Eye Movement Desensitization and Reprocesing), una técnica mucho más efectiva en estos casos. Hablando de límites: las terapias por la palabra están contraindicadas en casos de traumas; simplemente no sirven, además que tienen el riesgo de retraumatizar a la persona que queda expuesta de nuevo a los contenidos que causan el problema.

Esto me lleva al segundo ejemplo, el de aquellos casos donde la persona cree que es responsable de todo el proceso. Como dije anteriormente, la terapia centrada en soluciones es un proceso colaborativo entre cliente (experto en vivencias) y psicoterapeuta (experto en técnicas). Entre ambos surge la sinergía -la magia- que permite la transformación. A veces me encuentro con personas que como no saben cómo van a cambiar no creen que el cambio es posible. El asunto es que la transformación puede ocurrir sin que la persona esté plenamente consciente de cómo está cambiando, a la vez que puede sentir que, efectivamente, lo está haciendo. Esto es particularmente cierto cuando hablamos de traumas o de depresión. Claro que hay espacio para entender, y claro que yo puedo explicar cómo operan las técnicas y los modelos de la mente que subyacen el empleo de las técnicas, pero lo cierto es que todo esto es irrelevante desde la perspectiva de alguien que quiere resolver un problema. Por algo me contratan; por mi experticia en el manejo de técnicas para promover el cambio.

La terapia centrada en soluciones es también un campo amplio que incluye a muchas formas de la terapia breve, a la hipnoterapia, las terapias sistémicas y/o de familia… Todas tienen en común la recursividad y el pragmatismo del que hablo en este post. Para finalizar, debo decir que a la terapia orientada a soluciones llegué como resultado de pensar la psicoterapia desde fuera de la psicoterapia. Luego de estudiar psicología, estudié filosofía y ciencias sociales. Desde estas otras disciplinas pude zafarme de algunas ideas generalizadas entre los psicólogos académicos, pero carentes de fundamento alguno (por ejemplo eso de que “hay que casarse con un modelo teórico”). También pude ponerme en contacto con los desarrollos más novedosos de la disciplina, como la terapia narrativa, y desarrollar una plataforma común en la que cada uno de los modelos que voy aprendiendo puede irse integrando como las piezas de un rompecabezas. En resumen, hoy en día cuento con una caja de herramientas que incluyen: comprensión psicodinámica de los casos, psicoterapia gestalt, focusing, hipnoterapia, EMDR, terapia narrativa, constelaciones familiares… Y son eso, herramientas y nada más. Las uso desde una perspectiva humanista -centrada en el cliente y sus necesidades-  y, por supuesto, orientada a encontrar soluciones.