HACERSE HOMBRE: EL SUEÑO DEL SEXO ORAL

el modelo griego de la masculinidad

El “modelo griego”: los Sambia tienen una idea de hacerse hombre similar a la de los griegos antiguos.

Recomienda Carl Gustav Jung que para trabajar el nivel arquetipal de los símbolos, ese donde los significados se corresponden a lo más universal de la experiencia humana, lo mejor es estudiar los mitos y los cuentos infantiles, en particular, tanto como Antropología y Religiones Comparadas, en general. Esto debido a que la “mente natural”, como él la llama, se expresa del mismo modo que el pensamiento de los niños o las culturas aborígenes. Somos irracionales, en esencia, y la razón surge como un resultado posterior, tanto en el plano individual como en el colectivo.

Esa, al menos, es su teoría, la cual parece encontrar fundamento en la práctica clínica, especialmente en la interpretación de los sueños. Para mostrárselos déjenme primero contarles una historia real (que pueden confirmar con los libros del antropólogo Gilbert Herdt; también pueden profundizar en el tema leyendo este artículo sobre las relaciones homoeróticas rituales en los pueblos melanesios):

guardians of the flutes

Los Sambia, una tribu de Papua Nueva Guinea, se conocen por sus “rituales de masculinización”. Por diversas razones – ser un pueblo guerrero una de las principales –, los Sambia consideran importantísimo el hecho de hacerse hombre y, por esto, su cultura dispone de una serie de rituales de iniciación, en donde “se hace crecer al muchacho” para “transformarlo en hombre”. Para esto, primero se le separa de la madre para que viva en la “Casa de los Solteros”. Allí su cuerpo alcanza la madurez biológica, mientras recibe tratamientos ceremoniales y, lo más importante, recibe la esencia de la masculinidad a través de la ingesta del semen de los mayores.

Así es. Dentro del pensamiento de los Sambia, si en la primera infancia se recibe la leche de la mujer; los muchachos, para crecer como hombres, deben recibir, también, la leche de los hombres.

Independientemente de nuestra opinión al respecto, los Sambia amplifican para nosotros lo que pasa en la mente masculina respecto a la masculinidad. En nuestra fantasía, la masculinidad es un logro, el cual implica la separación y la diferenciación de lo femenino.

Recordé esta historia cuando un joven me contó el siguiente sueño:

“Aparecí en una oficina y ahí estaba él. Le comenté que estaba pasando por un momento de desmotivación porque no he encontrado una relación. Me pidió que me recostara y después él ya estaba completamente desnudo, y yo comencé a hacerle sexo oral. Minutos después eyaculó, pero yo seguí haciéndole sexo oral hasta que volvió a tener otra erección y eyaculó por segunda vez”.

En el plano literal, este sueño pone en el tapete un hecho obvio incluso para el mismo soñante: el joven es gay y se siente atraído por el otro, un hombre mayor al cual admira por su “brillantez, inteligencia, cultura” y por “la libertad con la cual se expresa”. Ahora bien, esto lo sabemos porque la persona en cuestión me lo dice cuando pregunto un poco acerca del sueño. De hecho, él se queda en este nivel, sin notar que los sueños sexuales rara vez se refieren a algo sexual. Cualquier joven heterosexual pudiese tener un sueño similar y la única diferencia sería que en el caso del heterosexual, las imágenes no lo activarían sexualmente, como si lo hicieron con este muchacho (“Me desperté acelerado”).

¿Pero si no es de sexo, de qué va este sueño? Para algo les cuento la historia de los Sambia. Lo primero que podemos notar es el valor del semen como elixir. Este muchacho necesita apoyo, un apoyo que se relaciona con cómo ser hombre y hacer cosas de hombre (como conseguir una pareja). Su mente recurre a una persona que admira y de la que se imagina que tiene una experticia de la que él carece. Si el sueño, como dice Freud, es la satisfacción alucinatoria del deseo, pues lo que este sueño muestra es el intento alucinatorio por satisfacer el deseo de ser hombre en un muchacho inseguro de sí mismo. Es importante notar, en este punto, que de acuerdo a la lógica del sueño, el muchacho necesita de una doble dosis del elixir de la masculinidad.

Creo que un junguiano diría algo como “tu inconsciente te está enviando esas cualidades que necesitas”. Yo, que soy menos platónico, diría que el sueño nos habla de lo que es necesario desarrollar a través de la terapia. De manera que me ocuparía por precisar qué transmite ese semen, qué cualidades tiene ese hombre mayor que el muchacho cree no tener.

Hemos hablado acá de dos niveles de interpretación, el literal y el arquetipal. Hay un nivel intermedio que requiere del aporte de quien sueña. En este nivel, preferido por los psicoanalistas, se busca lo particular del significado del sueño. No es mucho lo que puedo decir yo al respecto, pues el mayor peso lo tienen las asociaciones libres del soñante. Sin acceso a esto, sólo podría decir que, quizás, el trabajo se orienta a explorar la relación con el padre, en tanto gran ausente en esta transición hacia la adultez.

Para finalizar, quiero destacar que el sueño contiene muchos otros elementos, a los cuales quizá vuelva en notas posteriores. Uno de ellos es la confirmación de que una cosa es el género y otra la orientación sexual. Estamos ante un conflicto típico de un hombre identificado como tal, independientemente del objeto que satisface a la pulsión sexual. El sueño nos deja ver las angustias masculinas referidas al paso a la adultez, independientemente de la orientación sexual del soñante.

El otro gran elemento, relacionado con la transferencia, puede ser más complejo de elaborar. Este muchacho ha tenido un sueño donde le hace sexo oral a un hombre mayor que él admira. Ese hombre, dice él, soy yo.

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MEDITACIÓN Y SALUD MENTAL: ESTADO DEL ARTE

A lo largo de la historia de Occidente, muchas personas se han acercado a la meditación. La mayoría de ellas por la vía del desarrollo espiritual. En la actualidad, sin embargo, sus beneficios son reconocidos también por la medicina en general y por la psicoterapia en particular, cada día con más fuerza.

Así es. El grueso de la investigación científica aporta datos que validan a la meditación como una herramienta útil para casos que incluyen condiciones crónicas, trastornos de ansiedad, depresión, junto a otros problemas emocionales.

En términos generales, la meditación es una práctica por la cual se entrena la mente, para generar ciertos estados de conciencia, con miras al logro de ciertos beneficios. En su dimensión espiritual el objetivo último es “alcanzar la iluminación”. En su dimensión terrenal la meta suele ser mucho más modesta, relacionada con lograr cierta paz mental y, por supuesto, con la eliminación de síntomas de naturaleza emocional.

Meditar es muy fácil, aunque se requiere de un guía o entrenador, especialmente al principio, cuando es importante adquirir la técnica e identificar las señales de que se ha alcanzado ese estado mental que la caracteriza. Sin embargo, hay que tener cuidado pues, en este mundo globalizado, podemos encontrar variantes de la meditación que no calzan en la descripción o los usos de los que hablo. Meditación es un término amplio, el cual tiene, además, varias acepciones.

De manera que no, acá no me refiero a ponerse a pensar sesudamente acerca de un problema (“estoy meditando acerca del mejor modo de zafarme de mi pareja”) ni tampoco en muchas de las meditaciones provenientes de la nueva era, cargadas de visualizaciones con intenciones curativas (“imagina tu tercer chakra abriéndose y notando como tus problemas sexuales desaparecen”) o devocionales (“imagina que tu ángel de la guarda te protege con su manto de luz”).

La meditación que ha encontrado mayor soporte y difusión en el ámbito de la salud es la llamada Meditación de Atención Plena (Mindfulness Meditation) o meditación zen, donde el practicante se sienta “cómodamente y sin hacer nada”. La práctica consiste en focalizar la atención en la respiración y en aceptar lo más inmediato de nuestra experiencia, las sensaciones corporales. Se reconoce que no vamos a dejar de pensar, y el entrenamiento consiste en observar esos pensamientos sin seguirlos, como quien mira un nube cuando cruza el cielo. La respiración sirve de ancla, y si nos descubrimos siguiendo los pensamientos (imaginando escenarios futuros o recordando eventos pasados) gentilmente reconocemos que forma parte de nuestra naturaleza, mientras inhalamos lenta y profundamente y volvemos a concentrarnos en el ritmo de nuestra respiración.

Para los interesados, puedo recomendar una serie mínima de libros para ponerse a tono con el tema:

  1. Lenoir, F. (2000). El budismo en occidente. Editorial Seix barral. Este libro provee un excelente marco histórico para comprender la presencia del budismo, y su técnica por excelencia – la meditación – y cómo éstos se han ido integrando a la sociedad occidental, en olas que vienen desde siglos atrás.
  2. Watts, A. (1992/1961). Psicoterapia del Este, Psicoterapia del Oeste. Editorial Kairós. Un clásico que compara el modo de obrar occidental (centrado en la ciencia) con el propio del oriente (y su énfasis en la contemplación), en lo relativo al manejo del salud mental. Allan Watts es uno autores más importantes de la segunda mitad del siglo XX, en lo que se refiere a la difusión del budismo, la meditación y el yoga.  Cualquier texto de este autor es altamente recomendado.
  3. Kabat-Zinn, J. (2007). Vivir con plenitud las crisis: Cómo utilizar la sabiduría del cuerpo y de la mente para afrontar el estrés, el dolor y la enfermedad. Editorial Kairós. Este autor es el principal difusor contemporáneo de la meditación de atención plena como coadyuvante de la salud. La labor de este Doctor en Biología Molecular, condensada en un programa de entrenamiento en meditación que dura 8 semanas, ha revolucionado al sistema de salud en Norteamérica, al punto que muchos hospitales ofrecen este programa para personas con problemas físicos o emocionales.

Dada esta lista, debo enfatizar que lo más importante es la práctica. Entre leer y no practicar, o practicar y no leer, es mucho mejor la segunda opción (¡imagínense cómo será de importante la práctica que yo, lector voraz, sugiera dejar a un lado la lectura!). El conocimiento intelectual sin la práctica nos dejará en la posición de poder hablar sobre la meditación, sin tener lo esencial, la experiencia de haber meditado. Leer no va a calmar nuestra mente, ni va a fomentar la calma o la paz mental que se logra cuando cerramos los ojos y nos conformamos con estar en contacto con nosotros mismos. Esa es, al final, la única promesa que nos ofrece la meditación de atención plena, la de estar presente con nuestro presente. Los beneficios relacionados con la salud mental se derivan en su totalidad de este cambio de énfasis, donde se pasa del hacer al contemplar.

¿QUÉ ES LA TERAPIA ORIENTADA A SOLUCIONES?

Una colega muy querida me preguntó a qué me refería cuando en mis tarjetas de presentación colocaba que ofrezco “psicoterapia orientada a soluciones“.

La pregunta es muy pertinente, pues lo común es que el servicio profesional de un psicoterapeuta se ofrezca de manera genérica (v.g. “practica privada de la psicoterapia”) o a partir del modelo teórico desde el cual se practica (v.g. “psicoanalista”, “terapeuta gestalt”, entre otros). En mi caso, me parece importante aclarar que mi eje no es un modelo en particular, sino el lugar desde la cual ejerzo mi profesión.

Si algo puede decirse de la terapia centrada en soluciones es que es una actitud, una manera de usar las teorías y las técnicas propias de la psicoterapia de un modo que marcan distancia con respecto a las aproximaciones tradicionales. En este punto vale decir que mucha agua ha corrido desde que la psicoterapia contemporánea se iniciara, allá en 1900, cuando Freud publicó La Interpretación de los Sueños. La psicoterapia es un campo amplio y dinámico – una disciplina por mérito propio – donde es posible, e incluso necesario, pensar más allá de la técnica psicoanalítica o de los procedimientos conductistas.

Hoy más que nunca estamos frente a un cúmulo de información, de experiencias clínicas y de investigación que nos permite pensar que:

1. ‘Entender’ no significa resolver un problema. Con mucha frecuencia recibo clientes que han tenido experiencias previas de psicoterapia. Algunos dicen haber entendido mucho (“yo se lo que me pasa”); otros no saben cómo calificar el proceso anterior en la medida en la cual no pueden referir ninguna ganancia concreta (eliminación del síntoma, o adquisición de una nueva destreza o algún cambio en la situación que los llevó a terapia). En ambos casos vienen a terapia, usualmente con el mismo problema aún sin resolver.

La terapia centrada en soluciones empieza precisamente por definir en qué consiste el éxito de la terapia, para luego orientar todos sus esfuerzos en lograrlo. Hay indicadores específicos y concretos establecidos de antemano que permiten evaluar las intervenciones. Por supuesto, el trabajo continúa con lo que es la marca fundamental de esta aproximación: redefinir el problema de manera que sea resoluble. Así, por ejemplo, un cliente me dice que (y me muestra cómo) no puede contener la ansiedad y la tristeza ante el temor de perder a sus nietos. Luego de la entrevista inicial ese problema queda redefinido, a la vez que creamos un plan de acción para ser puesto en marcha: esa experiencia de hace 20 años, la separación de tu familia, te marcó al punto de traumatizarte. Vamos a eliminar este componente traumático y vamos a desarrollar las destrezas para que puedas ver esta situación de ahora  -la pelea por la custodia de los nietos- por lo que es (y no por lo que te pasó). Con esto podrás tomar decisiones que sean más útiles y efectivas en este momento. Al chequear con el cliente, esta re-descripción le hace sentido y se va de la primera sesión sorprendido, por un lado, y esperanzado, por el otro.

2. La transformación es una experiencia acerca del resultado, no acerca del medio por el cual se logra. Cuando escribes un documento en Word, ¿necesitas saber cómo el software fue elaborado? ¡En lo absoluto! Te interesa que el documento tenga las características que le has asignado a la hora de escribirlo o imprimirlo. Así mismo pensamos en la terapia orientada a soluciones: el cliente es el experto en su experiencia de vida y en lo que quiere lograr, y el terapeuta es un consultor que tiene experticia en técnicas para conseguirlo. Es una relación entre personas al mismo nivel, trabajando en pro del beneficio de ambos (bienestar por el lado del cliente, crecimiento profesional por el lado del terapeuta).

Dos ejemplos al respecto. El primero, el caso típico cuando alguien sabe que trabajo con hipnosis: “¡ay! ¡yo quiero que me hagas una  hipnosis!“. Pregunta obligada: ¿y para qué? Dime qué te gustaría lograr (o por lo menos cuál es el problema). Cuando desplazamos el énfasis a la solución, nos interesa la efectividad y la eficiencia, antes que la lealtad a o el fetichismo por una técnica. Como todas, la hipnosis tiene un foco, un rango y, por supuesto, contraindicaciones. ¿Quieres cambiar un hábito, como dejar de fumar o alcanzar tu peso ideal? ¡De seguro la hipnosis te puede ayudar! ¿Tienes un trauma que quieres superar? Pues entonces comencemos con EMDR (Eye Movement Desensitization and Reprocesing), una técnica mucho más efectiva en estos casos. Hablando de límites: las terapias por la palabra están contraindicadas en casos de traumas; simplemente no sirven, además que tienen el riesgo de retraumatizar a la persona que queda expuesta de nuevo a los contenidos que causan el problema.

Esto me lleva al segundo ejemplo, el de aquellos casos donde la persona cree que es responsable de todo el proceso. Como dije anteriormente, la terapia centrada en soluciones es un proceso colaborativo entre cliente (experto en vivencias) y psicoterapeuta (experto en técnicas). Entre ambos surge la sinergía -la magia- que permite la transformación. A veces me encuentro con personas que como no saben cómo van a cambiar no creen que el cambio es posible. El asunto es que la transformación puede ocurrir sin que la persona esté plenamente consciente de cómo está cambiando, a la vez que puede sentir que, efectivamente, lo está haciendo. Esto es particularmente cierto cuando hablamos de traumas o de depresión. Claro que hay espacio para entender, y claro que yo puedo explicar cómo operan las técnicas y los modelos de la mente que subyacen el empleo de las técnicas, pero lo cierto es que todo esto es irrelevante desde la perspectiva de alguien que quiere resolver un problema. Por algo me contratan; por mi experticia en el manejo de técnicas para promover el cambio.

La terapia centrada en soluciones es también un campo amplio que incluye a muchas formas de la terapia breve, a la hipnoterapia, las terapias sistémicas y/o de familia… Todas tienen en común la recursividad y el pragmatismo del que hablo en este post. Para finalizar, debo decir que a la terapia orientada a soluciones llegué como resultado de pensar la psicoterapia desde fuera de la psicoterapia. Luego de estudiar psicología, estudié filosofía y ciencias sociales. Desde estas otras disciplinas pude zafarme de algunas ideas generalizadas entre los psicólogos académicos, pero carentes de fundamento alguno (por ejemplo eso de que “hay que casarse con un modelo teórico”). También pude ponerme en contacto con los desarrollos más novedosos de la disciplina, como la terapia narrativa, y desarrollar una plataforma común en la que cada uno de los modelos que voy aprendiendo puede irse integrando como las piezas de un rompecabezas. En resumen, hoy en día cuento con una caja de herramientas que incluyen: comprensión psicodinámica de los casos, psicoterapia gestalt, focusing, hipnoterapia, EMDR, terapia narrativa, constelaciones familiares… Y son eso, herramientas y nada más. Las uso desde una perspectiva humanista -centrada en el cliente y sus necesidades-  y, por supuesto, orientada a encontrar soluciones.

CHOQUE CULTURAL: EL GRAN DESAFÍO PARA LOS MIGRANTES

Migrar supone un desgarro. Eso lo sabemos todos los que dejamos nuestro país de origen y nos instalamos en otro. Incluso si todo marcha sobre ruedas, debemos admitir que es un proceso complejo, donde el costo emocional a veces es elevado. ¿Y por qué si lo planeamos, si lo pensamos como un cambio para bien, no es tan facil? ¿Por qué aunque lo hayamos decidido concienzudamente, no resulta tan sencillo como lo esperábamos?

La respuesta se resume en dos palabras: choque cultural (el famoso culture shock). Cuando nos mudamos de país cambiamos, además de la geografía, esas coordenadas que estructuraron y orientaron nuestra vida hasta el momento de nuestra partida. Así es. Cambiamos de cultura. En cuanto empezamos a instalarnos en otro país comienza un camino de reajuste entre lo que sabemos y damos por sentado y ese modo distinto de hacer las cosas, las que predominan en nuestro nuevo hogar.

En este sentido, el choque cultural ocurre cuando alguien experimenta la pérdida de lo familiar, junto a la presencia abrumadora de un mundo cultural que está, al menos al principio, más allá del entendimiento.

  • ¿Por qué se ofendieron si lo que dije fue un chiste?
  • ¿Por qué pensó que quería tener sexo?
  • ¿Por qué me trata de esa manera?

La lista de situaciones por las que podríamos pasar es infinita. Sin embargo en cada caso podemos constatar que, en comparación con la experiencia en nuestro país de origen, el malentendido resulta porque las reglas cambian, la gente es distinta, los símbolos y el paisaje son diferentes y, por todo esto, la comunicación se vuelve básica (especialmente si no dominamos el idioma); cada encuentro se vuelve potencialmente amenazante.

La sensación es, además de todo, frustrante. Nuestra ignorancia sobre las reglas y los modos se hace evidente y es obvio que un niño nativo, bajo las mismas circunstancias, funciona mejor que nosotros. En consecuencia, la autoestima se resquebraja y la confusión y la falta de poder sobre la propia vida genera sensaciones de duda. Por todo este estrés, no es de extrañar que podamos identificar el choque cultural a partir de ciertos indicadores, tales como enfermedades físicas, aislamiento, irritabilidad, desórdenes del sueño y/o la alimentación, miedo generalizado (o fobias específicas), exceso de emocionalidad o dificultad para expresar los sentimientos, hostilidad e incluso síntomas que en nuestro país de origen son relacionados con la locura.

Como puede verse, la lista es amplia, y no es poca cosa. El choque cultural es, podría decirse, la principal amenaza a la salud mental de los newcomers. Por eso es importante prestar atención a las sensaciones de malestar físico y emocional, tanto como buscar la ayuda adecuada, no sólo para los síntomas sino para resolver la causa de dónde provienen.

Algunas recomendaciones útiles en este particular:

  • Acepta que todos estamos expuestos, en mayor o menor medida al choque cultural. No tiene nada que ver con una supuesta debilidad tuya, sino con la naturaleza del proceso migratorio. Esa sensación de desorientación o tristeza indica que eres humano y que respondes como tal.
  • Busca apoyo para hacer más llevadero el proceso de aprendizaje de la nueva cultura. Esto implica utilizar los servicios que prestan los centros comunitarios, dedicar tiempo para aprender y perfeccionar el idioma, identificar las reglas no escritas de la cultura que te acoge (mediante la observación, por ejemplo), desarrollar amistades variadas y saludables.
  • Prepárate para las equivocaciones que puedas cometer. Reconoce cuando ocurran, pide disculpas si es necesario y toma la experiencia como una oportunidad para el aprendizaje. Este es un ejemplo concreto y de primera mano: recién llegado (y ya no tanto) tenía la costumbre de decir “that’s fine” cuando escuchaba una frase en inglés que no entendía, pero que sonaba como que esperaban un comentario de vuelta. La estrategia me funcionó hasta que una vez obtuve por respuesta un “what??!!!!” que obviamente indicaba que había metido la pata. Mi interlocutor me contaba que se iba de la ciudad a visitar a una amiga (la parte que yo capte) porque le habían diagnosticado alzheimer (la pieza clave que no entendí). El momento fue incómodo, pero se resolvió cuando reconocí que no había entendido la última parte y que lamentaba que esas fueran las circunstancias para su viaje. Recuerda que es fácil notar que aún estás en el proceso de aprendizaje de las reglas y los modos de la nueva cultura. Usa ese comodín, pues es legítimo: estás recién llegado y estás aprendiendo.
  • Ten actividades recreativas y ocúpate de dormir y comer bien. Adaptarse a una nueva cultura implica una sobrecarga, un esfuerzo extra. Aún recuerdo la primera vez que no hablé español en todo el día. Lo noté por el dolor de cabeza al llegar a mi casa. Precisamente porque es un trabajo extra, es importante cuidarse. Esto incluye forzarte a salir en invierno, si tu tendencia es a hibernar durante esa temporada.
  • Por supuesto, te será de mucha ayuda buscar apoyo profesional para seguir tu travesía del mejor modo posible. Consigue un asesor o terapeuta con quien te sientas cómodo y que, a la vez, te ofrezca estrategias y soluciones concretas a los problemas que afrontas en tu día a día. Si bien es cierto que muchos de los patrones y reacciones problemáticas son producto del pasado, no por hablar de ello va a resolverse el choque cultural, necesariamente. De hecho, no se trata de entenderte, sino de transformarte. De nada sirve el “yo se lo que me pasa” si no sabes cómo sentirte bien.

De hecho, el choque cultural se resuelve cuando emerge una nueva identidad, esa que integra lo que valoras de tu cultura de origen junto a lo que necesitas para funcionar adecuadamente en tu nueva cultura. Es una aventura muy interesante; ya no serás de allá, ni serás completamente de acá; serás, al menos, bicultural; serás una síntesis particular resultado de tus propias vivencias. Por eso es bueno que te ocupes de gerenciar este proceso. Hay mucho espacio para que este camino sea además de complejo, gratificante.

MAS SOBRE LA INTERPRETACIÓN DE SUEÑOS (¡y del sueño de Paolo!)

El análisis, la interpretación o el trabajo con los sueños es un campo amplísimo. En la actualidad no sólo nos encontramos con varias teorías sino, además, con modelos específicos acerca de qué se hace con un sueño. Creo que lo más interesante es que el área fue abierta para nosotros por, adivinen, Sigmund Freud, el mismo del psicoanálisis. En lo que se considera el texto fundacional del psicoanálisis – La interpretación de los sueños (1900) – Freud hace un recorrido fascinante acerca del arte de interpretar sueños, todo para fundamentar lo que será el modelo psicoanalítico que usará de ahí en adelante, no sólo para sueños, sino para los chistes, los actos fallidos y, en general, para toda producción humana.

El texto puede ser pesado de leer si el interés se centra en la parte práctica. Sin embargo, tiene ideas muy concretas para quienes se quieren formar en el área. Así, una de las ideas centrales es que los sueños deben ser tratados como jeroglíficos. Cada elemento del sueño, más que un símbolo, es un signo que representa algo de la vida del soñante. Freud pensaba que la clave era de tipo sexual y de ahí las vulgarizaciones, en el doble sentido de la palabra, de algunos diccionarios de sueños de corte psicoanalítico; jarra = vagina, corbata = pene y discusiones bizantinas del tipo “los oídos pueden representar la vagina porque son cavidades, pero también pueden representar los testículos porque son dos y están a los lados”. En fin, omitan la fijación genital de algunos psicoanalistas y quédense con el lineamiento central: los elementos del sueño se refieren a aspectos concretos de la vida del soñante.

Por eso vieron que el primer paso en el análisis demostrativo que hice unos días atrás fue identificar los elementos y las relaciones presentes en el sueño de Paolo. El universo del sueño es como un mundo paralelo que nos habla de las cosas importantes de nuestra vida diaria. Al final de aquel post nos quedaba la inquietud de qué representaba la carne roja en el sueño. Antes de proseguir y contarles lo que Paolo me comentó, les quiero enfatizar que ésta es una pregunta clave a la hora de entender un sueño: frente a un elemento particular siempre podremos preguntarnos ¿qué está representando este signo? ¿si este elemento fuese un aspecto concreto de mi vida (a veces de la personalidad, dependiendo de la relación presentada), cuál sería?

Esta era la inquietud que quedaba y que intenté adivinar sobre la base del simbolismo a la base de la carne roja (signo y símbolo son dos cosas distintas y , en mi experiencia, siempre será mucho más preciso tomar a los elementos del sueño como signos y no como símbolos).

Paolo me envió un mensaje diciendo que estaba muy satisfecho con el análisis y que, de hecho, al leerlo pudo verlo claramente: la carne se refiere a una relación de pareja en la que estaba al momento de haber soñado. De manera que si hubiese sido en el proceso de una consulta yo hubiese dicho “¿esa carne roja, qué está representando de tu propia vida?” y él hubiese respondido, “ah, es esta relación de pareja”. Con eso el mensaje queda claro: Paolo estaba disfrutando en cierto nivel de esta relación (la dimensión carnal quizás), pero no el noviazgo no estaba alimentando su espíritu; de hecho su self le decía que la relación lo estaba envenenándo (comentario al margen: ¿mijo, con quién estabas empatado? jejeje). Por supuesto, las generalidades que coloqué en aquel post siguen aplicando, sólo que ahora cobran una dimensión concreta que hacen a la interpretación mucho más útil: elige bien tus parejas. A veces el sexo es muy placentero, pero una relación, especialmente si queremos que dure, debe basarse en mucho más que las apariencias o todo aquello que la sociedad nos dice acerca de los noviazgos. Elige lo que sea bueno para ti, y no lo que se supone que debes elegir para callar la presión social. Por supuesto, la soltería puede ser una opción de vida en algunos momentos (y quizás por acá va la cosa, pues al menos en Venezuela, la presión para tener pareja es insólitamente absurda).

RESOLUCIONES DE AÑO NUEVO

Un plan es un sueño que tiene fecha de cumplimiento.

Cliché del mundo organizacional

 

Lo sabes. No te engañes. Las resoluciones de año nuevo son, casi siempre, una pérdida de tiempo. Sólo mira en tu propia historia. ¿Cuántas has cumplido? Las has formulado cada año y así como las pensaste, las olvidaste, quizás la primera semana de Enero. La situación es típica y, al final, no es tu culpa; es algo inherente a la propia estructura de las resoluciones.

“Este año quiero rebajar”. ¿Si? A ver, ¿cómo?

“Este año seré una mejor persona”. Explícame primero que significa eso y luego indícame cómo vas a saber que te estás convirtiendo en una mejor persona.

Ahí está el punto crucial. Una resolución consiste en declarar una intención lo cual, en principio, está muy bien. Pero si miramos con detalle, nos damos cuenta que no pasa de allí, de una frase que se va a llevar el viento. Así que al punto: una resolución es necesaria pero no suficiente para lograr el cambio.

Si quieres cambiar aspectos de tu vida; resolver problemas, lograr metas, sentirte mejor… Hay que formular planes, no resoluciones. Con esto caemos en por qué la gente hace resoluciones: son una manera discreta de engañarnos. “Este año quiero rebajar… (pero voy a seguir gordo)”.

Así que si quieres ser honesto contigo mismo, puedes continuar la tradición, pero eliminando el componente de autoengaño y consecuente fracaso. Te dejo a continuación las siguientes recomendaciones:

1. Formula resoluciones si y sólo si estás dispuesto a tener éxito. Pregúntate qué tanta disposición o motivación tienes para emprender el cambio que quieres ver en tu vida. Si no tienes la  energía suficiente, trabaja primero para conseguirla, como primer paso de tu plan. Se honesto contigo mismo. Acepta y asume si tu realidad del momento es que no quieres cambiar. Para cultivar fracasos mejor no cultives nada.

2. Una vez dispuesto a lograr el éxito, escribe tu meta. La falla fundamental de las resoluciones está en que son verbales (o peor aun, mentales); pensamientos fugaces que se desvanecen a la velocidad de la memoria a corto plazo. De hecho, escribe el objetivo, la fecha (realista) en la que quieres ver el resultado, la serie de pasos que debes dar para conseguir tu meta (conductas a implementar y conductas a eliminar) y los indicadores que te van a mostrar que vas por el camino correcto o que ya cumpliste tu objetivo.

Mira el siguiente ejemplo:

***

Meta: alcanzar mi peso ideal

Objetivo: perder los 10 kilos de sobrepeso.

Pasos:

  • Implementar hábitos alimenticios saludables (beber agua en vez de refrescos por agua; preferir carnes blancas y pescado a las carnes rojas; preferir lo asado y lo hervido a lo frito…)
  • Tener más actividad física (ir al gimnasio al menos 3 veces por semana, hacer media hora de cardio, nadar…)
  • HACER UN HORARIO Y UN PLAN DE COMIDAS PARA LA SEMANA
  • Buscar el apoyo adecuado (amigos, entrenador, consejero o terapeuta…)

Indicadores: peso en kilogramos. Ir rebajando alrededor de un kilo por semana.

Fecha de cumplimiento: 1 kilo por semana igual a 10 semanas. Si comienzo en Enero a finales de marzo el logro será evidente.

***

Por un lado, esquematizar las cosas de este modo permite que las cosas sean más fáciles, y sí, es tan sencillo como cumplir el plan que uno se ha trazado.

Ahora bien, conviene, para garantizar el éxito, responder a las siguientes preguntas (por escrito, preferentemente):

1. ¿Cuáles son las ventajas del cambio propuesto? Responder esta pregunta te dará la motivación para cumplir el plan. Imagínate ya en esa meta y permítete sentir las sensaciones físicas del cambio. Esta clave corporal es una técnica muy potente para mantenerte motivado.

2. ¿Cuáles son las desventajas de no cambiar? Esto te dará el empuje necesario para activarte. Si la primera pregunta te ofrece una energía que “hala” desde el futuro, esta segunda te da una energía que “empuja” desde el presente.

3. ¿Cuáles son las desventajas de cambiar? Todo cambio, como lo has visto, supone un trabajo. Además, toda situación tiene aspectos positivos y negativos. Dejar explícitas las consecuencias negativas del cambio te dará información útil pues DEBES MINIMIZARLAS para lograr la meta planteada, para ser exitoso en tu proyecto.

4. ¿Cuáles son las ventajas de no cambiar? Se honesto contigo mismo. Si no has cambiado es porque hay beneficios asociados a tu situación actual. La comodidad es uno de los factores más comunes; también la idea irracional de que no vamos a tener éxito (claro, si no lo has hecho de la manera correcta ¿cómo ibas a tener éxito?). Esta es, quizás, la pregunta en la que más tengas que trabajar para desmontar todas esas resistencias al cambio. A fin de cuentas, no es que no puedas cambiar, es que por la razón que sea no quieres hacerlo.

Con el apoyo adecuado, la estrategia correcta y haciendo lo que tienes que hacer puedes alcanzar las metas que te propongas. Felices fiestas y feliz 2012.

QUÉ DICEN TUS SUEÑOS

Introducción

Los sueños son una herramienta muy útil en el curso de una psicoterapia. Algunos terapeutas los trabajan de a uno, quizás tomando aquel que surge después que la persona toma contacto con un tema crucial durante la terapia, o como resultado de sus vivencias del momento. Así, la persona puede decir “después de la última sesión tuve este sueño…” o también, “después de hablar con mi pareja soñe con…”, entre otras tantas posibilidades. Es esta cualidad, la de ser algo llamativo – una figura – lo que permite que se les incorpore durante las sesiones.

Sin embargo, los sueños pueden también ser una parte importante del proceso terapéutico. De hecho Lacan, psicoanalista famoso, decía que a los sueños, para tomarlos en serio, hay que tomarlos en serie. Desde esta aproximación, lo que nos interesa es ver el movimiento de los contenidos oníricos; la transformación que ocurre en los escenarios, los elementos constitutivos y las relaciones establecidas entre dichos elementos. De lo que se trata acá es de seguir el paso de este desplazamiento de la energía psíquica a través de sus manifestaciones concretas en el soñante.

Los sueños son muy valiosos como para sólo apostar por unos pocos durante la terapia. De hecho, son tan valiosos que algunos terapeutas hacen terapia con sueños, exclusivamente. Cuando esta aproximación predomina, se deja de lado la cronología diurna y se enfatiza en lo que ocurre mientras dormimos. Este es el caso de muchos analistas junguianos, quienes buscan las claves del funcionamiento de una persona en esos mensajes del inconsciente llamados sueños. Desde el inicio de la terapia se le pide a la persona que lleve un registro de su actividad onírica y luego la terapia consiste en identificar los símbolos para, a partir de allí, extraer los arquetipos que configuran la vida cotidiana.

En cualquiera de estas aproximaciones, la idea central es la misma, a saber, que los sueños condensan lo que está sucediendo en el mundo interno de la persona, mostrándonos sus dinámicas y patrones de comportamiento de una manera velada, simbólica. Por supuesto, nada de esto tiene que ver con las aproximaciones de la Nueva Era, donde se pretenden encontrar contenidos mágicos, esotéricos o adivinatorios. Acá la cosa es pragmática: los sueños se elaboran con restos diurnos, pero la mente selecciona aquellos elementos que, por asociación, le permiten expresar un mensaje, una idea latente que no es obvia para la conciencia.

En psicoterapia, este mensaje existencial, deseo reprimido o idea latente (dependiendo de la teoría que guíe al terapeuta) puede descifrarse de distintas formas. A veces consiste en un ejercicio intelectual, de asociación libre por parte del soñante o de amplificación por parte del terapeuta. En el primer caso, la persona dice lo que se le va ocurriendo acerca de los símbolos; en el segundo, es el terapeuta el que basa la interpretación en su conocimiento de simbología, un conocimiento que procede de la mitología, la antropología y las religiones comparadas.

El trabajo con sueños puede ser también vivencial. Acá se encuentra el abordaje que se hace desde la psicoterapia gestalt, donde la persona narra el sueño, guiado por el terapeuta, como si estuviese ocurriendo en el presente, como si de una realidad virtual se tratara. Usando hipnosis se puede ir un paso más allá, colocando a la persona de nuevo en el sueño y haciendo las exploraciones y modificaciones necesarias para ampliar los patrones de respuesta que los sueños dejan entrever.

En resumen, hay muchas formas de trabajar con los sueños.

El sueño de Paolo

Voy a aprovechar que una persona solicitó mis servicios como “intérprete de sueños” para mostrarles cómo funciona la cosa.

Paolo me escribe:

soñé que fui a una carnicería a comprar carnes rojas para mi casa, de la cual alimenté a unos perros, que posteriormente murieron envenenados con esa comida. Lo raro era que yo también consumía esas carnes y nada me pasaba. Estaba sorprendido.

Interesante.

Veamos los elementos del sueño:

  • carnes rojas
  • perros
  • el soñante como protagonista
  • la carne envenena a los perros pero no al soñante.

Usualmente, cuando el soñante aparece en el sueño, éste representa a la conciencia. Por otro lado, los perros y, en general, los animales representan los instintos, aquella parte más natural de la persona que sueña. La casa alude a la personalidad como un todo. Con esto vamos entendiendo que hay algo que compra y consume la conciencia que no es necesariamente bueno para la parte inconsciente. De manera que esa conciencia está, a la larga, envenenando al self, esa parte representa la totalidad de la persona.

Paolo ¿qué te estás metiendo en la mente que te está envenenando?

La carne roja es un símbolo interesante. Los seres humanos necesitamos proteínas, pero en nuestro entorno actual las carnes rojas no se consideran la mejor fuente; son consideradas tóxicas, especialmente por los vegetarianos y los veganos.

En este punto necesitaríamos la ayuda de Paolo para que nos diga qué de su vida cotidiana se está expresando bajo el símbolo “carne roja”. A falta de sus comentarios, me atrevo a explorar algunas opciones: decimos que “tiene carnita”, si es algo sustancioso. Esto nos da una pista para seguir por la línea de ¿qué será eso extra que atrae, agrada y distrae a la conciencia pero que es tóxico para el ser de Paolo? Resulta muy curioso porque, al menos a primera vista, podríamos decir que a los perros les gusta la carne roja. ¡No a éstos del sueño! De manera que el asunto crucial es que hay cosas que parecen lógicas – naturales – que no necesariamente lo son. Parece que alimentan, pero en realidad matan.

Con todo esto el mensaje ya se va volviendo claro: Paolo, hay algo que te parece bueno, sabroso, pero que a la larga no te beneficia; te hace infeliz y corta en seco tu potencial, te envenena. Ejemplos de cosas que tienen esta cualidad: los chismes, el resentimiento, la autocompasión y el drama en general. Pregúntate qué estás rumiando, qué estás disfrutando que te causa malestar.

Si tuviese que sintetizar estas ideas diría: Paolo, estás dejándote llevar por ideas preconcebidas que no necesariamente reflejan tus verdaderas necesidades del momento. Presta atención a lo que realmente necesitas y sigue esos instintos, antes que ese supuesto “sentido común” que no es más que la suma de expectativas sociales que no toman en cuenta las particularidades de cada quien. Hay gente que dice, por ejemplo, “un clavo saca otro clavo”. Eso es una estupidez y es un ejemplo de cómo algo tóxico para uno mismo, puede parecer bueno a una parte limitada, el ego herido.

Sin datos concretos, sólo puedo esbozar estas generalidades. En cualquier caso, estoy seguro que Paolo está recibiendo un mensaje útil.

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