MEDITACIÓN Y SALUD MENTAL: ESTADO DEL ARTE

A lo largo de la historia de Occidente, muchas personas se han acercado a la meditación. La mayoría de ellas por la vía del desarrollo espiritual. En la actualidad, sin embargo, sus beneficios son reconocidos también por la medicina en general y por la psicoterapia en particular, cada día con más fuerza.

Así es. El grueso de la investigación científica aporta datos que validan a la meditación como una herramienta útil para casos que incluyen condiciones crónicas, trastornos de ansiedad, depresión, junto a otros problemas emocionales.

En términos generales, la meditación es una práctica por la cual se entrena la mente, para generar ciertos estados de conciencia, con miras al logro de ciertos beneficios. En su dimensión espiritual el objetivo último es “alcanzar la iluminación”. En su dimensión terrenal la meta suele ser mucho más modesta, relacionada con lograr cierta paz mental y, por supuesto, con la eliminación de síntomas de naturaleza emocional.

Meditar es muy fácil, aunque se requiere de un guía o entrenador, especialmente al principio, cuando es importante adquirir la técnica e identificar las señales de que se ha alcanzado ese estado mental que la caracteriza. Sin embargo, hay que tener cuidado pues, en este mundo globalizado, podemos encontrar variantes de la meditación que no calzan en la descripción o los usos de los que hablo. Meditación es un término amplio, el cual tiene, además, varias acepciones.

De manera que no, acá no me refiero a ponerse a pensar sesudamente acerca de un problema (“estoy meditando acerca del mejor modo de zafarme de mi pareja”) ni tampoco en muchas de las meditaciones provenientes de la nueva era, cargadas de visualizaciones con intenciones curativas (“imagina tu tercer chakra abriéndose y notando como tus problemas sexuales desaparecen”) o devocionales (“imagina que tu ángel de la guarda te protege con su manto de luz”).

La meditación que ha encontrado mayor soporte y difusión en el ámbito de la salud es la llamada Meditación de Atención Plena (Mindfulness Meditation) o meditación zen, donde el practicante se sienta “cómodamente y sin hacer nada”. La práctica consiste en focalizar la atención en la respiración y en aceptar lo más inmediato de nuestra experiencia, las sensaciones corporales. Se reconoce que no vamos a dejar de pensar, y el entrenamiento consiste en observar esos pensamientos sin seguirlos, como quien mira un nube cuando cruza el cielo. La respiración sirve de ancla, y si nos descubrimos siguiendo los pensamientos (imaginando escenarios futuros o recordando eventos pasados) gentilmente reconocemos que forma parte de nuestra naturaleza, mientras inhalamos lenta y profundamente y volvemos a concentrarnos en el ritmo de nuestra respiración.

Para los interesados, puedo recomendar una serie mínima de libros para ponerse a tono con el tema:

  1. Lenoir, F. (2000). El budismo en occidente. Editorial Seix barral. Este libro provee un excelente marco histórico para comprender la presencia del budismo, y su técnica por excelencia – la meditación – y cómo éstos se han ido integrando a la sociedad occidental, en olas que vienen desde siglos atrás.
  2. Watts, A. (1992/1961). Psicoterapia del Este, Psicoterapia del Oeste. Editorial Kairós. Un clásico que compara el modo de obrar occidental (centrado en la ciencia) con el propio del oriente (y su énfasis en la contemplación), en lo relativo al manejo del salud mental. Allan Watts es uno autores más importantes de la segunda mitad del siglo XX, en lo que se refiere a la difusión del budismo, la meditación y el yoga.  Cualquier texto de este autor es altamente recomendado.
  3. Kabat-Zinn, J. (2007). Vivir con plenitud las crisis: Cómo utilizar la sabiduría del cuerpo y de la mente para afrontar el estrés, el dolor y la enfermedad. Editorial Kairós. Este autor es el principal difusor contemporáneo de la meditación de atención plena como coadyuvante de la salud. La labor de este Doctor en Biología Molecular, condensada en un programa de entrenamiento en meditación que dura 8 semanas, ha revolucionado al sistema de salud en Norteamérica, al punto que muchos hospitales ofrecen este programa para personas con problemas físicos o emocionales.

Dada esta lista, debo enfatizar que lo más importante es la práctica. Entre leer y no practicar, o practicar y no leer, es mucho mejor la segunda opción (¡imagínense cómo será de importante la práctica que yo, lector voraz, sugiera dejar a un lado la lectura!). El conocimiento intelectual sin la práctica nos dejará en la posición de poder hablar sobre la meditación, sin tener lo esencial, la experiencia de haber meditado. Leer no va a calmar nuestra mente, ni va a fomentar la calma o la paz mental que se logra cuando cerramos los ojos y nos conformamos con estar en contacto con nosotros mismos. Esa es, al final, la única promesa que nos ofrece la meditación de atención plena, la de estar presente con nuestro presente. Los beneficios relacionados con la salud mental se derivan en su totalidad de este cambio de énfasis, donde se pasa del hacer al contemplar.

CHOQUE CULTURAL: EL GRAN DESAFÍO PARA LOS MIGRANTES

Migrar supone un desgarro. Eso lo sabemos todos los que dejamos nuestro país de origen y nos instalamos en otro. Incluso si todo marcha sobre ruedas, debemos admitir que es un proceso complejo, donde el costo emocional a veces es elevado. ¿Y por qué si lo planeamos, si lo pensamos como un cambio para bien, no es tan facil? ¿Por qué aunque lo hayamos decidido concienzudamente, no resulta tan sencillo como lo esperábamos?

La respuesta se resume en dos palabras: choque cultural (el famoso culture shock). Cuando nos mudamos de país cambiamos, además de la geografía, esas coordenadas que estructuraron y orientaron nuestra vida hasta el momento de nuestra partida. Así es. Cambiamos de cultura. En cuanto empezamos a instalarnos en otro país comienza un camino de reajuste entre lo que sabemos y damos por sentado y ese modo distinto de hacer las cosas, las que predominan en nuestro nuevo hogar.

En este sentido, el choque cultural ocurre cuando alguien experimenta la pérdida de lo familiar, junto a la presencia abrumadora de un mundo cultural que está, al menos al principio, más allá del entendimiento.

  • ¿Por qué se ofendieron si lo que dije fue un chiste?
  • ¿Por qué pensó que quería tener sexo?
  • ¿Por qué me trata de esa manera?

La lista de situaciones por las que podríamos pasar es infinita. Sin embargo en cada caso podemos constatar que, en comparación con la experiencia en nuestro país de origen, el malentendido resulta porque las reglas cambian, la gente es distinta, los símbolos y el paisaje son diferentes y, por todo esto, la comunicación se vuelve básica (especialmente si no dominamos el idioma); cada encuentro se vuelve potencialmente amenazante.

La sensación es, además de todo, frustrante. Nuestra ignorancia sobre las reglas y los modos se hace evidente y es obvio que un niño nativo, bajo las mismas circunstancias, funciona mejor que nosotros. En consecuencia, la autoestima se resquebraja y la confusión y la falta de poder sobre la propia vida genera sensaciones de duda. Por todo este estrés, no es de extrañar que podamos identificar el choque cultural a partir de ciertos indicadores, tales como enfermedades físicas, aislamiento, irritabilidad, desórdenes del sueño y/o la alimentación, miedo generalizado (o fobias específicas), exceso de emocionalidad o dificultad para expresar los sentimientos, hostilidad e incluso síntomas que en nuestro país de origen son relacionados con la locura.

Como puede verse, la lista es amplia, y no es poca cosa. El choque cultural es, podría decirse, la principal amenaza a la salud mental de los newcomers. Por eso es importante prestar atención a las sensaciones de malestar físico y emocional, tanto como buscar la ayuda adecuada, no sólo para los síntomas sino para resolver la causa de dónde provienen.

Algunas recomendaciones útiles en este particular:

  • Acepta que todos estamos expuestos, en mayor o menor medida al choque cultural. No tiene nada que ver con una supuesta debilidad tuya, sino con la naturaleza del proceso migratorio. Esa sensación de desorientación o tristeza indica que eres humano y que respondes como tal.
  • Busca apoyo para hacer más llevadero el proceso de aprendizaje de la nueva cultura. Esto implica utilizar los servicios que prestan los centros comunitarios, dedicar tiempo para aprender y perfeccionar el idioma, identificar las reglas no escritas de la cultura que te acoge (mediante la observación, por ejemplo), desarrollar amistades variadas y saludables.
  • Prepárate para las equivocaciones que puedas cometer. Reconoce cuando ocurran, pide disculpas si es necesario y toma la experiencia como una oportunidad para el aprendizaje. Este es un ejemplo concreto y de primera mano: recién llegado (y ya no tanto) tenía la costumbre de decir “that’s fine” cuando escuchaba una frase en inglés que no entendía, pero que sonaba como que esperaban un comentario de vuelta. La estrategia me funcionó hasta que una vez obtuve por respuesta un “what??!!!!” que obviamente indicaba que había metido la pata. Mi interlocutor me contaba que se iba de la ciudad a visitar a una amiga (la parte que yo capte) porque le habían diagnosticado alzheimer (la pieza clave que no entendí). El momento fue incómodo, pero se resolvió cuando reconocí que no había entendido la última parte y que lamentaba que esas fueran las circunstancias para su viaje. Recuerda que es fácil notar que aún estás en el proceso de aprendizaje de las reglas y los modos de la nueva cultura. Usa ese comodín, pues es legítimo: estás recién llegado y estás aprendiendo.
  • Ten actividades recreativas y ocúpate de dormir y comer bien. Adaptarse a una nueva cultura implica una sobrecarga, un esfuerzo extra. Aún recuerdo la primera vez que no hablé español en todo el día. Lo noté por el dolor de cabeza al llegar a mi casa. Precisamente porque es un trabajo extra, es importante cuidarse. Esto incluye forzarte a salir en invierno, si tu tendencia es a hibernar durante esa temporada.
  • Por supuesto, te será de mucha ayuda buscar apoyo profesional para seguir tu travesía del mejor modo posible. Consigue un asesor o terapeuta con quien te sientas cómodo y que, a la vez, te ofrezca estrategias y soluciones concretas a los problemas que afrontas en tu día a día. Si bien es cierto que muchos de los patrones y reacciones problemáticas son producto del pasado, no por hablar de ello va a resolverse el choque cultural, necesariamente. De hecho, no se trata de entenderte, sino de transformarte. De nada sirve el “yo se lo que me pasa” si no sabes cómo sentirte bien.

De hecho, el choque cultural se resuelve cuando emerge una nueva identidad, esa que integra lo que valoras de tu cultura de origen junto a lo que necesitas para funcionar adecuadamente en tu nueva cultura. Es una aventura muy interesante; ya no serás de allá, ni serás completamente de acá; serás, al menos, bicultural; serás una síntesis particular resultado de tus propias vivencias. Por eso es bueno que te ocupes de gerenciar este proceso. Hay mucho espacio para que este camino sea además de complejo, gratificante.

RESOLUCIONES DE AÑO NUEVO

Un plan es un sueño que tiene fecha de cumplimiento.

Cliché del mundo organizacional

 

Lo sabes. No te engañes. Las resoluciones de año nuevo son, casi siempre, una pérdida de tiempo. Sólo mira en tu propia historia. ¿Cuántas has cumplido? Las has formulado cada año y así como las pensaste, las olvidaste, quizás la primera semana de Enero. La situación es típica y, al final, no es tu culpa; es algo inherente a la propia estructura de las resoluciones.

“Este año quiero rebajar”. ¿Si? A ver, ¿cómo?

“Este año seré una mejor persona”. Explícame primero que significa eso y luego indícame cómo vas a saber que te estás convirtiendo en una mejor persona.

Ahí está el punto crucial. Una resolución consiste en declarar una intención lo cual, en principio, está muy bien. Pero si miramos con detalle, nos damos cuenta que no pasa de allí, de una frase que se va a llevar el viento. Así que al punto: una resolución es necesaria pero no suficiente para lograr el cambio.

Si quieres cambiar aspectos de tu vida; resolver problemas, lograr metas, sentirte mejor… Hay que formular planes, no resoluciones. Con esto caemos en por qué la gente hace resoluciones: son una manera discreta de engañarnos. “Este año quiero rebajar… (pero voy a seguir gordo)”.

Así que si quieres ser honesto contigo mismo, puedes continuar la tradición, pero eliminando el componente de autoengaño y consecuente fracaso. Te dejo a continuación las siguientes recomendaciones:

1. Formula resoluciones si y sólo si estás dispuesto a tener éxito. Pregúntate qué tanta disposición o motivación tienes para emprender el cambio que quieres ver en tu vida. Si no tienes la  energía suficiente, trabaja primero para conseguirla, como primer paso de tu plan. Se honesto contigo mismo. Acepta y asume si tu realidad del momento es que no quieres cambiar. Para cultivar fracasos mejor no cultives nada.

2. Una vez dispuesto a lograr el éxito, escribe tu meta. La falla fundamental de las resoluciones está en que son verbales (o peor aun, mentales); pensamientos fugaces que se desvanecen a la velocidad de la memoria a corto plazo. De hecho, escribe el objetivo, la fecha (realista) en la que quieres ver el resultado, la serie de pasos que debes dar para conseguir tu meta (conductas a implementar y conductas a eliminar) y los indicadores que te van a mostrar que vas por el camino correcto o que ya cumpliste tu objetivo.

Mira el siguiente ejemplo:

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Meta: alcanzar mi peso ideal

Objetivo: perder los 10 kilos de sobrepeso.

Pasos:

  • Implementar hábitos alimenticios saludables (beber agua en vez de refrescos por agua; preferir carnes blancas y pescado a las carnes rojas; preferir lo asado y lo hervido a lo frito…)
  • Tener más actividad física (ir al gimnasio al menos 3 veces por semana, hacer media hora de cardio, nadar…)
  • HACER UN HORARIO Y UN PLAN DE COMIDAS PARA LA SEMANA
  • Buscar el apoyo adecuado (amigos, entrenador, consejero o terapeuta…)

Indicadores: peso en kilogramos. Ir rebajando alrededor de un kilo por semana.

Fecha de cumplimiento: 1 kilo por semana igual a 10 semanas. Si comienzo en Enero a finales de marzo el logro será evidente.

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Por un lado, esquematizar las cosas de este modo permite que las cosas sean más fáciles, y sí, es tan sencillo como cumplir el plan que uno se ha trazado.

Ahora bien, conviene, para garantizar el éxito, responder a las siguientes preguntas (por escrito, preferentemente):

1. ¿Cuáles son las ventajas del cambio propuesto? Responder esta pregunta te dará la motivación para cumplir el plan. Imagínate ya en esa meta y permítete sentir las sensaciones físicas del cambio. Esta clave corporal es una técnica muy potente para mantenerte motivado.

2. ¿Cuáles son las desventajas de no cambiar? Esto te dará el empuje necesario para activarte. Si la primera pregunta te ofrece una energía que “hala” desde el futuro, esta segunda te da una energía que “empuja” desde el presente.

3. ¿Cuáles son las desventajas de cambiar? Todo cambio, como lo has visto, supone un trabajo. Además, toda situación tiene aspectos positivos y negativos. Dejar explícitas las consecuencias negativas del cambio te dará información útil pues DEBES MINIMIZARLAS para lograr la meta planteada, para ser exitoso en tu proyecto.

4. ¿Cuáles son las ventajas de no cambiar? Se honesto contigo mismo. Si no has cambiado es porque hay beneficios asociados a tu situación actual. La comodidad es uno de los factores más comunes; también la idea irracional de que no vamos a tener éxito (claro, si no lo has hecho de la manera correcta ¿cómo ibas a tener éxito?). Esta es, quizás, la pregunta en la que más tengas que trabajar para desmontar todas esas resistencias al cambio. A fin de cuentas, no es que no puedas cambiar, es que por la razón que sea no quieres hacerlo.

Con el apoyo adecuado, la estrategia correcta y haciendo lo que tienes que hacer puedes alcanzar las metas que te propongas. Felices fiestas y feliz 2012.

CÓMO MEJORAR TU SEXUALIDAD

Como tema, la sexualidad es erógena. Nos estimula, bien sea para prepararnos a proseguir con acciones orientadas a la descarga placentera, tanto como nos irrita, llenándonos de una energía que, lejos de agradarnos, nos perturba. Quizás por esto es que psicoanalistas como Joyce McDougal plantean que “la sexualidad es esencialmente traumática”. Está cargada de significados que hieren o que, por lo menos, resultan abrumadores.

Podríamos escribir un gran tomo acerca de esto. Sin embargo, este post es mucho más modesto y directo. Busca proveeer de cierta información básica y un par de herramientas para que te hagas cargo de tu cuerpo, para que aprendas ejercer tu sexualidad desde el placer y el disfrute.

¿Y qué es la sexualidad? La sexualidad, desde una perspectiva psicosocial, es la suma de imágenes, sensaciones, miedos y fantasías en torno al sexo y a lo que se considera sexual. Por eso la sexualidad es tan amplia, porque contiene diferentes capas y dimensiones, de acuerdo a lo que un grupo determinado considera “lo sexual”. De ahí que, por ejemplo, a un norteamericano le exciten más unos senos que un trasero; que los europeos, en general, tengan menos pudor cuando de desnudos frontales masculinos se trata o que en Latinoamérica la diferencia de edad entre amantes sea menos problemática que en Norteamérica. Estos entre muchos casos posibles.

El punto es que el principal órgano sexual es el cerebro -el hardware- y la cultura resulta el programa -el software- que lleva a aquel a desear unas cosas y rechazar otras. Sólo mira a tu alrededor; a un europeo le importa menos ser bisexual, mientras que los latinos, incluso los gays, tienden a sentirse  inferiores si les gusta (incluso si disfrutan) más del rol pasivo durante el encuentro sexual.

En resumen, desde antes de nacer, ya nos espera una sociedad que ha decidido de antemano cómo debería ser la sexualidad. En este sentido, el desarrollo individual, a través del proceso de socialización, pasa por  inocular esas creencias que luego se transforman en actitudes las cuales, para bien o para mal, canalizan nuestros deseos sexuales. Para muchos, este cauce resulta un tanto opresivo, pues el cuerpo no conoce de “deberías” sino del placer en su forma más básica. En tanto organismos, somos hedonistas, esto es, buscamos el placer y evitamos el dolor. Por supuesto, incluso la noción de placer y dolor, a estas alturas, resulta relativa hasta cierto punto, pues depende de cómo nuestro cerebro codifica a las sensaciones corporales.

Así las cosas, el problema básico del disfrute pleno de la sexualidad se ubica en el conflicto entre lo que se piensa (creencias que muchas veces son limitantes) y lo que se desea (en términos de sensaciones corporales buscadas como forma de generar descargas placenteras). Ejemplos hay miles: el hombre que no se permite explorar sexualmente con su esposa porque en su cabeza existe la creencia del amor como algo “puro” y del sexo como algo “sucio”; la mujer que no alcanza el orgasmo porque eso es de “baratas”; el joven o la muchacha que se siente culpable porque desea explorar el placer anal…

El manual de instrucciones que nos provee la cultura respecto al cuerpo es siempre limitado y es nuestro deber, como sujetos pensantes y autónomos, evaluar esas creencias que recibimos, analizar a quién convienen (y a quien no) y determinar si queremos seguirlas (o no).

Pensando en este ejercicio de la libertad individual y en el acto emancipatorio de tomar posesión de tu cuerpo, he creado para ti dos audios que te ayudarán a conquistar el disfrute pleno de tu sexualidad (entre otras cosas). Puedes escucharlos por separado, aunque lo mejor es que los combines, para desarmar a ese mojigato interno que nos inoculan a lo largo de nuestro desarrollo.

Comienza por el audio llamado AUTOACEPTACIÓN (haz click sobre esta oración y busca en la página que aparece el segundo audio en la columna derecha). Escuchalo una vez por día durante 1 semana. En esa misma página encuentras información sobre qué son estos audios, cómo y por qué funcionan. Escúchalo luego 1 vez por semana por 2 o 3 semanas más. Esta es una estrategia para reforzar ese nuevo hábito que estás instalando, el de ejercer tu sexualidad para el disfrute (dejando atrás ese autocastigo absurdo). Recuerda: los audios abrirán tu mente a la posibilidad de hacer con calma y tranquilidad aquellas cosas que te gustan, y a dejar pasar aquellas que no disfrutas. El objetivo básico es, simplemente, reforzar tu autonomía y tu capacidad para tomar decisiones sobre qué hacer (y qué no) con tu cuerpo.

Puedes continuar la conquista con este otro audio, LIBERA TU SEXUALIDAD. Sigue las mismas instrucciones. Verás que vale continuar el viaje, ahora haciendo una pequeña inversión. Tu mente se abrirá y, con este cambio natural en tus creencias, empezarás a expandir tu repertorio, sintiéndo la comodidad, la seguridad y la tranquilidad de estar en tu propio cuerpo. Relajación, disfrute y placer, esas son algunas de las metas que alcanzarás cómoda y naturalmente usando estos audios.

¡Por supuesto que puedes explorar los demás audios de la página o la tienda! Puedes revisar frecuentemente el sitio en busca de actualizaciones ¡e incluso sugerir temas que quisieras dominar con la ayuda de estas herramientas! Sólo deja tu comentario acá, bien sea para contarnos qué te parecieron, qué cambios obtuviste y en cuáles otras áreas te gustaría recibir apoyo.

ROMPER LAZOS: DISTANCIA Y DUELO

Cuando se trabaja con la mente humana siempre hay espacio para el asombro. Desde hace unos meses vengo apoyando a un amigo a facilitar su aprendizaje del inglés. De hecho, él trabaja activamente para conseguir todas las herramientas disponibles en este sentido. El asunto es que le cuesta y, en nuestra última conversación, se hizo evidente por qué.

Siempre me había presentado el problema como una dificultad porque no le gusta este idioma. Así que las intervenciones habían girado en torno al asunto puntual. A estas alturas, sin embargo, la conversación tomó una nueva dimensión. Está triste y desmotivado y no entiende la razón. Yo que conozco de primera mano todo lo relacionado al shock cultural y a los avatares de la inmigración le señalo que es perfectamente entendible que se sienta deprimido; está abriendo un nuevo capítulo de vida y dejando muchas cosas atrás. “Pero ya tengo un año acá. Es ilógico”. Sí, es ilógico y yo tengo 3 años y aún sigo en el proceso del duelo, le respondo. De hecho, las investigaciones para Canadá muestran que, en promedio, el proceso de reajuste dura de 4 a 5 años.

A veces, desde nuestra mente consciente nos presionamos para que las cosas sean de una manera predeterminada, cuando en realidad tienen un ritmo distinto al que queremos; usualmente mucho más lento. Podemos intentar hacernos trampa, pero lo cierto es que esa estrategia, lejos de ayudar, retrasa el proceso. Es mejor pasar una temporada profundamente triste que un año luchando con una melancolía que aumenta y disminuye, pero que nunca cede. Esta es mi experiencia como persona que ha transitado duelos y, además, como profesional de la salud mental que ha asistido a muchas personas a superarlos. La lección es clara, estemos de acuerdo o no.

Así las cosas, le dijo que es obvio su problema con el inglés y que puede que haya algo de aversión, pero que el problema fundamental es que su energía está en otro lado, que por eso aprender le cuesta tanto. (Cuando uno se siente deprimido, todo el cuerpo y la mente lo está; se dificulta la atención, la concentración, la memoria y, por ende, la capacidad de aprendizaje).

Lo sorprendente de mi relato no es este giro, es la razón del duelo. Para resumir la historia, los seres humanos usamos las palabras para entender nuestro mundo y por eso se dice que las palabras crean realidades. Por supuesto, esas realidades que construimos tienen consecuencias específicas. Mi amigo dejó a muchos seres queridos en su país de origen y, con tanto cambio, cree que “ha roto los lazos”. Esto, por supuesto, lo deprime. Cortar, separarse de los amigos, perder vínculos afectivos… De sólo pensarlo cualquiera se deprime.

Definido el problema correctamente, la solución se hace evidente. ¿Hay que cortar los vínculos? ¿Hay que, acaso, romper los lazos? En este mundo globalizado la cosa suena hasta ridícula. Cierto es que la distancia hace que las relaciones se transformen, tanto como lo hace la tecnología. Yo, a 3 años sigo conectado. Los mas cercanos chatean conmigo por Blackberry, por videocam. ¡Hasta he hecho nuevos amigos por Twitter! Y estamos hablando de una persona que por ser de Venezuela, tiene amigos venezolanos en casi cualquier lugar del mundo (cuando un millón de personas dejan el mismo país en un período de 10 años, es fácil lograr esto. Japón, Francia, Bélgica, Inglaterra, Irlanda y Estados Unidos, son algunos de esos lugares que conforman mi sociograma).

Este es su caso. Él también aprovecha la tecnología para mantenerse conectado. Con la hipnosis, hicimos una visualización para que su “parte irracional” lo entendiera. Pudo verse a sí mismo en el centro de la ciudad que lo acoge recogiendo esos hilos de luz que llevaban su energía hasta su país de orígen, para mantenerse en contacto con sus amigos. Pusimos una gema en su corazón y así mismo hicimos con los que se encuentran en la distancia. Todos están conectados, pero ya no por un cable, sino por un “radiotransmisor de alta tecnología”. Sigue perteneciendo a sus grupos y, a la vez, esta libre para desenvolverse en su geografía específica.

Así funciona la mente. Los giros del lenguaje se entienden de manera literal en lo emocional. Cuando uno inmigra las relaciones se redefinen pero no por eso se cortan. Ser, estar y pertenecer, son derechos de todo humano y, desde la perspectiva de la mente son exigencias inalieanables. Yo cerré mi intervención recordándole a mi amigo: “ya sabes ahora la conexión es inalámbrica”.