Acerca de chamanurbano

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RESOLUCIONES DE AÑO NUEVO

Un plan es un sueño que tiene fecha de cumplimiento.

Cliché del mundo organizacional

 

Lo sabes. No te engañes. Las resoluciones de año nuevo son, casi siempre, una pérdida de tiempo. Sólo mira en tu propia historia. ¿Cuántas has cumplido? Las has formulado cada año y así como las pensaste, las olvidaste, quizás la primera semana de Enero. La situación es típica y, al final, no es tu culpa; es algo inherente a la propia estructura de las resoluciones.

“Este año quiero rebajar”. ¿Si? A ver, ¿cómo?

“Este año seré una mejor persona”. Explícame primero que significa eso y luego indícame cómo vas a saber que te estás convirtiendo en una mejor persona.

Ahí está el punto crucial. Una resolución consiste en declarar una intención lo cual, en principio, está muy bien. Pero si miramos con detalle, nos damos cuenta que no pasa de allí, de una frase que se va a llevar el viento. Así que al punto: una resolución es necesaria pero no suficiente para lograr el cambio.

Si quieres cambiar aspectos de tu vida; resolver problemas, lograr metas, sentirte mejor… Hay que formular planes, no resoluciones. Con esto caemos en por qué la gente hace resoluciones: son una manera discreta de engañarnos. “Este año quiero rebajar… (pero voy a seguir gordo)”.

Así que si quieres ser honesto contigo mismo, puedes continuar la tradición, pero eliminando el componente de autoengaño y consecuente fracaso. Te dejo a continuación las siguientes recomendaciones:

1. Formula resoluciones si y sólo si estás dispuesto a tener éxito. Pregúntate qué tanta disposición o motivación tienes para emprender el cambio que quieres ver en tu vida. Si no tienes la  energía suficiente, trabaja primero para conseguirla, como primer paso de tu plan. Se honesto contigo mismo. Acepta y asume si tu realidad del momento es que no quieres cambiar. Para cultivar fracasos mejor no cultives nada.

2. Una vez dispuesto a lograr el éxito, escribe tu meta. La falla fundamental de las resoluciones está en que son verbales (o peor aun, mentales); pensamientos fugaces que se desvanecen a la velocidad de la memoria a corto plazo. De hecho, escribe el objetivo, la fecha (realista) en la que quieres ver el resultado, la serie de pasos que debes dar para conseguir tu meta (conductas a implementar y conductas a eliminar) y los indicadores que te van a mostrar que vas por el camino correcto o que ya cumpliste tu objetivo.

Mira el siguiente ejemplo:

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Meta: alcanzar mi peso ideal

Objetivo: perder los 10 kilos de sobrepeso.

Pasos:

  • Implementar hábitos alimenticios saludables (beber agua en vez de refrescos por agua; preferir carnes blancas y pescado a las carnes rojas; preferir lo asado y lo hervido a lo frito…)
  • Tener más actividad física (ir al gimnasio al menos 3 veces por semana, hacer media hora de cardio, nadar…)
  • HACER UN HORARIO Y UN PLAN DE COMIDAS PARA LA SEMANA
  • Buscar el apoyo adecuado (amigos, entrenador, consejero o terapeuta…)

Indicadores: peso en kilogramos. Ir rebajando alrededor de un kilo por semana.

Fecha de cumplimiento: 1 kilo por semana igual a 10 semanas. Si comienzo en Enero a finales de marzo el logro será evidente.

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Por un lado, esquematizar las cosas de este modo permite que las cosas sean más fáciles, y sí, es tan sencillo como cumplir el plan que uno se ha trazado.

Ahora bien, conviene, para garantizar el éxito, responder a las siguientes preguntas (por escrito, preferentemente):

1. ¿Cuáles son las ventajas del cambio propuesto? Responder esta pregunta te dará la motivación para cumplir el plan. Imagínate ya en esa meta y permítete sentir las sensaciones físicas del cambio. Esta clave corporal es una técnica muy potente para mantenerte motivado.

2. ¿Cuáles son las desventajas de no cambiar? Esto te dará el empuje necesario para activarte. Si la primera pregunta te ofrece una energía que “hala” desde el futuro, esta segunda te da una energía que “empuja” desde el presente.

3. ¿Cuáles son las desventajas de cambiar? Todo cambio, como lo has visto, supone un trabajo. Además, toda situación tiene aspectos positivos y negativos. Dejar explícitas las consecuencias negativas del cambio te dará información útil pues DEBES MINIMIZARLAS para lograr la meta planteada, para ser exitoso en tu proyecto.

4. ¿Cuáles son las ventajas de no cambiar? Se honesto contigo mismo. Si no has cambiado es porque hay beneficios asociados a tu situación actual. La comodidad es uno de los factores más comunes; también la idea irracional de que no vamos a tener éxito (claro, si no lo has hecho de la manera correcta ¿cómo ibas a tener éxito?). Esta es, quizás, la pregunta en la que más tengas que trabajar para desmontar todas esas resistencias al cambio. A fin de cuentas, no es que no puedas cambiar, es que por la razón que sea no quieres hacerlo.

Con el apoyo adecuado, la estrategia correcta y haciendo lo que tienes que hacer puedes alcanzar las metas que te propongas. Felices fiestas y feliz 2012.

QUÉ DICEN TUS SUEÑOS

Introducción

Los sueños son una herramienta muy útil en el curso de una psicoterapia. Algunos terapeutas los trabajan de a uno, quizás tomando aquel que surge después que la persona toma contacto con un tema crucial durante la terapia, o como resultado de sus vivencias del momento. Así, la persona puede decir “después de la última sesión tuve este sueño…” o también, “después de hablar con mi pareja soñe con…”, entre otras tantas posibilidades. Es esta cualidad, la de ser algo llamativo – una figura – lo que permite que se les incorpore durante las sesiones.

Sin embargo, los sueños pueden también ser una parte importante del proceso terapéutico. De hecho Lacan, psicoanalista famoso, decía que a los sueños, para tomarlos en serio, hay que tomarlos en serie. Desde esta aproximación, lo que nos interesa es ver el movimiento de los contenidos oníricos; la transformación que ocurre en los escenarios, los elementos constitutivos y las relaciones establecidas entre dichos elementos. De lo que se trata acá es de seguir el paso de este desplazamiento de la energía psíquica a través de sus manifestaciones concretas en el soñante.

Los sueños son muy valiosos como para sólo apostar por unos pocos durante la terapia. De hecho, son tan valiosos que algunos terapeutas hacen terapia con sueños, exclusivamente. Cuando esta aproximación predomina, se deja de lado la cronología diurna y se enfatiza en lo que ocurre mientras dormimos. Este es el caso de muchos analistas junguianos, quienes buscan las claves del funcionamiento de una persona en esos mensajes del inconsciente llamados sueños. Desde el inicio de la terapia se le pide a la persona que lleve un registro de su actividad onírica y luego la terapia consiste en identificar los símbolos para, a partir de allí, extraer los arquetipos que configuran la vida cotidiana.

En cualquiera de estas aproximaciones, la idea central es la misma, a saber, que los sueños condensan lo que está sucediendo en el mundo interno de la persona, mostrándonos sus dinámicas y patrones de comportamiento de una manera velada, simbólica. Por supuesto, nada de esto tiene que ver con las aproximaciones de la Nueva Era, donde se pretenden encontrar contenidos mágicos, esotéricos o adivinatorios. Acá la cosa es pragmática: los sueños se elaboran con restos diurnos, pero la mente selecciona aquellos elementos que, por asociación, le permiten expresar un mensaje, una idea latente que no es obvia para la conciencia.

En psicoterapia, este mensaje existencial, deseo reprimido o idea latente (dependiendo de la teoría que guíe al terapeuta) puede descifrarse de distintas formas. A veces consiste en un ejercicio intelectual, de asociación libre por parte del soñante o de amplificación por parte del terapeuta. En el primer caso, la persona dice lo que se le va ocurriendo acerca de los símbolos; en el segundo, es el terapeuta el que basa la interpretación en su conocimiento de simbología, un conocimiento que procede de la mitología, la antropología y las religiones comparadas.

El trabajo con sueños puede ser también vivencial. Acá se encuentra el abordaje que se hace desde la psicoterapia gestalt, donde la persona narra el sueño, guiado por el terapeuta, como si estuviese ocurriendo en el presente, como si de una realidad virtual se tratara. Usando hipnosis se puede ir un paso más allá, colocando a la persona de nuevo en el sueño y haciendo las exploraciones y modificaciones necesarias para ampliar los patrones de respuesta que los sueños dejan entrever.

En resumen, hay muchas formas de trabajar con los sueños.

El sueño de Paolo

Voy a aprovechar que una persona solicitó mis servicios como “intérprete de sueños” para mostrarles cómo funciona la cosa.

Paolo me escribe:

soñé que fui a una carnicería a comprar carnes rojas para mi casa, de la cual alimenté a unos perros, que posteriormente murieron envenenados con esa comida. Lo raro era que yo también consumía esas carnes y nada me pasaba. Estaba sorprendido.

Interesante.

Veamos los elementos del sueño:

  • carnes rojas
  • perros
  • el soñante como protagonista
  • la carne envenena a los perros pero no al soñante.

Usualmente, cuando el soñante aparece en el sueño, éste representa a la conciencia. Por otro lado, los perros y, en general, los animales representan los instintos, aquella parte más natural de la persona que sueña. La casa alude a la personalidad como un todo. Con esto vamos entendiendo que hay algo que compra y consume la conciencia que no es necesariamente bueno para la parte inconsciente. De manera que esa conciencia está, a la larga, envenenando al self, esa parte representa la totalidad de la persona.

Paolo ¿qué te estás metiendo en la mente que te está envenenando?

La carne roja es un símbolo interesante. Los seres humanos necesitamos proteínas, pero en nuestro entorno actual las carnes rojas no se consideran la mejor fuente; son consideradas tóxicas, especialmente por los vegetarianos y los veganos.

En este punto necesitaríamos la ayuda de Paolo para que nos diga qué de su vida cotidiana se está expresando bajo el símbolo “carne roja”. A falta de sus comentarios, me atrevo a explorar algunas opciones: decimos que “tiene carnita”, si es algo sustancioso. Esto nos da una pista para seguir por la línea de ¿qué será eso extra que atrae, agrada y distrae a la conciencia pero que es tóxico para el ser de Paolo? Resulta muy curioso porque, al menos a primera vista, podríamos decir que a los perros les gusta la carne roja. ¡No a éstos del sueño! De manera que el asunto crucial es que hay cosas que parecen lógicas – naturales – que no necesariamente lo son. Parece que alimentan, pero en realidad matan.

Con todo esto el mensaje ya se va volviendo claro: Paolo, hay algo que te parece bueno, sabroso, pero que a la larga no te beneficia; te hace infeliz y corta en seco tu potencial, te envenena. Ejemplos de cosas que tienen esta cualidad: los chismes, el resentimiento, la autocompasión y el drama en general. Pregúntate qué estás rumiando, qué estás disfrutando que te causa malestar.

Si tuviese que sintetizar estas ideas diría: Paolo, estás dejándote llevar por ideas preconcebidas que no necesariamente reflejan tus verdaderas necesidades del momento. Presta atención a lo que realmente necesitas y sigue esos instintos, antes que ese supuesto “sentido común” que no es más que la suma de expectativas sociales que no toman en cuenta las particularidades de cada quien. Hay gente que dice, por ejemplo, “un clavo saca otro clavo”. Eso es una estupidez y es un ejemplo de cómo algo tóxico para uno mismo, puede parecer bueno a una parte limitada, el ego herido.

Sin datos concretos, sólo puedo esbozar estas generalidades. En cualquier caso, estoy seguro que Paolo está recibiendo un mensaje útil.

***

¿Quieres saber qué dicen tus sueños? Déjame saber y te explico el procedimiento para recibir tu informe personalizado.

CÓMO MEJORAR TU SEXUALIDAD

Como tema, la sexualidad es erógena. Nos estimula, bien sea para prepararnos a proseguir con acciones orientadas a la descarga placentera, tanto como nos irrita, llenándonos de una energía que, lejos de agradarnos, nos perturba. Quizás por esto es que psicoanalistas como Joyce McDougal plantean que “la sexualidad es esencialmente traumática”. Está cargada de significados que hieren o que, por lo menos, resultan abrumadores.

Podríamos escribir un gran tomo acerca de esto. Sin embargo, este post es mucho más modesto y directo. Busca proveeer de cierta información básica y un par de herramientas para que te hagas cargo de tu cuerpo, para que aprendas ejercer tu sexualidad desde el placer y el disfrute.

¿Y qué es la sexualidad? La sexualidad, desde una perspectiva psicosocial, es la suma de imágenes, sensaciones, miedos y fantasías en torno al sexo y a lo que se considera sexual. Por eso la sexualidad es tan amplia, porque contiene diferentes capas y dimensiones, de acuerdo a lo que un grupo determinado considera “lo sexual”. De ahí que, por ejemplo, a un norteamericano le exciten más unos senos que un trasero; que los europeos, en general, tengan menos pudor cuando de desnudos frontales masculinos se trata o que en Latinoamérica la diferencia de edad entre amantes sea menos problemática que en Norteamérica. Estos entre muchos casos posibles.

El punto es que el principal órgano sexual es el cerebro -el hardware- y la cultura resulta el programa -el software- que lleva a aquel a desear unas cosas y rechazar otras. Sólo mira a tu alrededor; a un europeo le importa menos ser bisexual, mientras que los latinos, incluso los gays, tienden a sentirse  inferiores si les gusta (incluso si disfrutan) más del rol pasivo durante el encuentro sexual.

En resumen, desde antes de nacer, ya nos espera una sociedad que ha decidido de antemano cómo debería ser la sexualidad. En este sentido, el desarrollo individual, a través del proceso de socialización, pasa por  inocular esas creencias que luego se transforman en actitudes las cuales, para bien o para mal, canalizan nuestros deseos sexuales. Para muchos, este cauce resulta un tanto opresivo, pues el cuerpo no conoce de “deberías” sino del placer en su forma más básica. En tanto organismos, somos hedonistas, esto es, buscamos el placer y evitamos el dolor. Por supuesto, incluso la noción de placer y dolor, a estas alturas, resulta relativa hasta cierto punto, pues depende de cómo nuestro cerebro codifica a las sensaciones corporales.

Así las cosas, el problema básico del disfrute pleno de la sexualidad se ubica en el conflicto entre lo que se piensa (creencias que muchas veces son limitantes) y lo que se desea (en términos de sensaciones corporales buscadas como forma de generar descargas placenteras). Ejemplos hay miles: el hombre que no se permite explorar sexualmente con su esposa porque en su cabeza existe la creencia del amor como algo “puro” y del sexo como algo “sucio”; la mujer que no alcanza el orgasmo porque eso es de “baratas”; el joven o la muchacha que se siente culpable porque desea explorar el placer anal…

El manual de instrucciones que nos provee la cultura respecto al cuerpo es siempre limitado y es nuestro deber, como sujetos pensantes y autónomos, evaluar esas creencias que recibimos, analizar a quién convienen (y a quien no) y determinar si queremos seguirlas (o no).

Pensando en este ejercicio de la libertad individual y en el acto emancipatorio de tomar posesión de tu cuerpo, he creado para ti dos audios que te ayudarán a conquistar el disfrute pleno de tu sexualidad (entre otras cosas). Puedes escucharlos por separado, aunque lo mejor es que los combines, para desarmar a ese mojigato interno que nos inoculan a lo largo de nuestro desarrollo.

Comienza por el audio llamado AUTOACEPTACIÓN (haz click sobre esta oración y busca en la página que aparece el segundo audio en la columna derecha). Escuchalo una vez por día durante 1 semana. En esa misma página encuentras información sobre qué son estos audios, cómo y por qué funcionan. Escúchalo luego 1 vez por semana por 2 o 3 semanas más. Esta es una estrategia para reforzar ese nuevo hábito que estás instalando, el de ejercer tu sexualidad para el disfrute (dejando atrás ese autocastigo absurdo). Recuerda: los audios abrirán tu mente a la posibilidad de hacer con calma y tranquilidad aquellas cosas que te gustan, y a dejar pasar aquellas que no disfrutas. El objetivo básico es, simplemente, reforzar tu autonomía y tu capacidad para tomar decisiones sobre qué hacer (y qué no) con tu cuerpo.

Puedes continuar la conquista con este otro audio, LIBERA TU SEXUALIDAD. Sigue las mismas instrucciones. Verás que vale continuar el viaje, ahora haciendo una pequeña inversión. Tu mente se abrirá y, con este cambio natural en tus creencias, empezarás a expandir tu repertorio, sintiéndo la comodidad, la seguridad y la tranquilidad de estar en tu propio cuerpo. Relajación, disfrute y placer, esas son algunas de las metas que alcanzarás cómoda y naturalmente usando estos audios.

¡Por supuesto que puedes explorar los demás audios de la página o la tienda! Puedes revisar frecuentemente el sitio en busca de actualizaciones ¡e incluso sugerir temas que quisieras dominar con la ayuda de estas herramientas! Sólo deja tu comentario acá, bien sea para contarnos qué te parecieron, qué cambios obtuviste y en cuáles otras áreas te gustaría recibir apoyo.

EL APOYO PSICOSOCIAL PARA PERSONAS VIVIENDO CON VIH

Toda condición crónica exige que la persona eche  mano de sus recursos internos para afrontar los cambios como consecuencia del diagnóstico. También requiere del apoyo psicosocial (de profesionales, familiares y amigos, entre otros) para hacer frente al día a día de sobrellevar un desafío más, distinto a aquellos ques on cotidianos para la mayoría.

En el caso del VIH, y por todos los mitos que se han generado alrededor, este desafío puede convertirse en una carga; esos que se supone podrían dar apoyo, a veces dan la espalda, por el temor que surge de la falta de información.

Desde que estoy involucrado en prevención y apoyo psicosocial alrededor del VIH, me he dedicado a desarrollar modos más efectivos para que las personas con VIH tengan mejor calidad de vida. Tal y como lo veo en este momento, el panorama requiere de pasos concretos muy específicos:

  1. Superar el trauma asociado al diagnóstico
  2. Prepararse para tomar los medicamentos
  3. Desarrollar adherencia al tratamiento antirretroviral
  4. Manejar y minimizar los posibles efectos secundarios del tratamiento
  5. Cultivar y mantener una buena salud, física y mental
  6. Como parte de esa buena salud: promover las relaciones sociales y el autocuidado (lo que implica en algunos casos revelar el seroestatus de positivo al VIH)
  7. Cultivar y mantener una vida sexual plena, es decir, tener encuentros íntimos satisfactorios utilizando las protecciones del caso (con lo que volvemos al punto de partida: superar el impacto traumático del diagnóstico).

Cada uno de estos puntos es una estación en una travesía, un aprendizaje de destrezas y habilidades concretas que se enlazan con los otros pasos. Por supuesto, estos son sólo lineamientos, y cada quien los transita de acuerdo a su momento y sus posibilidades.

Por lo pronto, yo insisto en que superar el trauma asociado al diagnóstico es lo fundamental, pues permite liberar esa energía concentrada en el pasado, para ocuparla en tener un presente tranquilo y cultivar un futuro saludable. Por eso he desarrollado un audio que guía a la persona en cómo liberarse de las emociones negativas asociadas al diagnóstico. Es gratis, y puede escucharse o descargarse haciendo click sobre esta oración.

ENTENDER VERSUS TRANSFORMAR

Es muy frecuente que a mi consulta lleguen personas que dicen “yo se lo que me pasa” luego de describir el problema que los aqueja. Algunas incluso lo fundamentan con la referencia a varios años de psicoanálisis o alguna otra forma de las terapias basadas en el insight. Yo desafío ese enunciado -ese “yo se lo que me pasa”- con una pregunta pragmática: “¿eso ha servido para resolver el problema?”. Obviamente, el hecho de venir a consulta conmigo es una respuesta implícita a la pregunta, la cual queda explícita con el inescapable “no, no ha servido”.

A algunas personas las terapias de insight les permiten entender y, acto seguido, resolver el problema. Sin embargo, esta conexión entre entendimiento y resolución es una presuposición que no siempre se cumple, especialmente cuando el terapeuta es de la “vieja escuela” o demasiado apegado a la teoría que fundamenta su práctica. Por ejemplo, los psicoanalistas lacanianos, en particular, llegan a decir que el psicoanálisis no se hace para resolver problemas sino para entender el conflicto a la base de ellos. Punto. Lo que venga después es valor agregado no ofrecido en el contrato terapéutico.

Quizás por esta tradición de entender (y confiar en que esto es necesario y suficiente), esas personas que vienen a verse conmigo se asombran de que les pida una lista de indicadores para saber que el problema se resolvió. Si quieren perder peso, quiero saber qué talla o peso es su meta; si tienen ataques de pánico quiero saber cómo van a saber que ya no los tienen; si han perdido el rumbo quiero conocer los detalles de ese camino que quieren transitar. Al final, estos son los criterios que me indican si una terapia fue exitosa o no. De hecho, cada vez me preocupo menos por saber si encontramos una explicación cognitiva a por qué surgió el problema. Lo que más me interesa es tener una imagen precisa de cómo las personas que atiendo se imaginan que van a estar cuando el problema se haya resuelto.

Vamos de nuevo por el lado pragmático. La pregunta “qué crees que pasa”, o “cómo terminaste teniendo este problema” activa un proceso de pensamiento que podría denominarse “hacia atrás” (por eso el chiste de que siempre terminamos hablando de nuestros padres, nuestra infancia y, en general, nuestro pasado). Siempre vamos a encontrar causas, razones (o excusas) para justificar nuestras acciones o lo que nos sucede. Ahora bien, la experiencia clínica muestra que eso no garantiza llegar a la solución. A estas alturas de nuestra comprensión de la experiencia humana, explicar no es suficiente, y desde mi punto de vista, ni siquiera necesario, a la hora de hacer una intervención orientada a la solución.

Toda vez que descartamos causas médicas o problemas físicos para ciertas condiciones, el poder de la mente es suficiente para hacer lo que tenga que hacerse para movernos hacia la solución. Para ejemplo un par de casos. El primero de una persona con ataques hipertensivos. Luego de todos los exámenes médicos de rigor, le prescribieron un medicamento para bajar la tensión. Esta persona es un profesional de la salud y se negó a tomar la pastilla pues no había causa física. Por eso llegó a mi consulta, porque él quería “llegar al fondo del asunto”. Su motivación era entender y yo, por supuesto, le aclaré que desde mi punto de vista era más importante mantener su tensión en límites normales y que, para ser honesto, no estaba muy seguro de si él iba a encontrar la explicación que buscaba; que era posible que él llegara a ella luego de la intervención, pero que yo no le podía garantizar eso.

El trato le pareció justo y comenzamos a trabajar. Hablamos del estrés en su vida, de sus preocupaciones y de cómo creció pensando que él, como hermano mayor, era responsable de cuidar a sus hermanos menores. Curiosamente, su hermano estaba pasando por una crisis económica en la actualidad, y fue fácil ver que sus episodios se relacionaban con el miedo a ver a su hermano “caer”. Encontramos una explicación, ¿y? ¿resolvimos acaso el problema? No necesariamente. Así que usamos hipnosis, y además de relajarse y aprender a confiar en la habilidad natural de su cuerpo para autorregularse, cambiamos esa creencia de ser responsable de sus hermanos, diciéndole a esa parte infantil: “ya todos han crecido y cada quién puede cuidarse por sí mismo”. ¡Con esto sí que resolvimos el problema! De hecho, después de esta primera sesión no ha vuelto a tener ninguna crisis hipertensiva (y ya han pasado varios meses desde esa sesión). En general, esta persona se siente mucho más tranquila, como “liberada”. Ahora ha vuelto a mi consulta pero porque quiere usar esta aproximación con la manera en la que asume otras circunstancias en su vida.

Enfocarse en la solución crea un pensamiento “hacia adelante”, directamente relacionado con la transformación personal. Lo que más me gusta de esto es que permite ahorrarse tiempo (y dinero) invertido en terapia. Quizás suene raro, pero como psicoterapeuta me opongo a la idea de ser una muleta en la vida de las personas. No concibo ese estilo de las élites de Nueva York o Buenos Aires que supone que necesitemos de un analista para transitar nuestro paso por este mundo. Prefiero pensarme como un asistente, un consultor o, cómo leí en algún lado, un catalizador del cambio. (Claro, no puedo negar que tiene sus beneficios, para ambas partes, eso de establecer una relación a largo plazo con una persona que solicita mis servicios).

La prueba más contundente de la efectividad de esta aproximación terapéutica la tuve con este segundo caso que traigo a colación. Otra persona me consultaba porque se sentía estancado. Lejos de su familia, no podía concretar sus planes para avanzar en su independencia financiera. Por supuesto, me hice una idea muy clara de lo que quería lograr (negocio propio, mudarse a un lugar mejor, estar centrado en sus proyectos personales, entre otros indicadores) y, en el camino, hablamos de su relación con su familia de origen. Con esa parte de mi mente que aún arma modelos para explicar por qué la gente hace lo que hace, noté el problema de lealtad y tomé nota mental de que quizás tendríamos que trabajar en cómo querría verse con respecto a su familia. Sin embargo, en esta primera sesión nos concentramos en eso que quería lograr y con hipnosis trazamos un mapa del camino a seguir en el futuro.

A la semana siguiente, para mi sorpresa, esta persona trajo un sueño. La noche de la primera consulta soñó que lloraba. Se despedía de su familia y, lo que más lo entristecía en el sueño era saber que, en realidad, se despedía de una parte de sí mismo. Yo no pude menos que asombrarme ante esta manera tan hermosa de resolver el problema de base. Nada de su relación con su familia fue trabajado con la hipnosis. Simplemente creamos una imagen de éxito para él. Esta idea, la de verse concretando sus planes, fue una alteración lo suficientemente potente como para reorganizar su mente, de manera natural. Es precisamente esto a lo que me refiero con el poder de concentrarse en la solución, antes que en la explicación. ¿Cuántas sesiones hubiese tomado “elaborar” esta separación? De habernos concentrado en la relación con la familia ¿estabamos garantizando que concretara sus proyectos? No necesariamente. Concretar proyectos como los de esta persona implican unas destrezas y habilidades que van más allá de remover una barrera. De hecho, con todo y lo maravilloso de ese sueño, fue eso, sólo un eslabón en una cadena donde otros eventos tienen más relevancia (definir el producto o servicio, escribir un plan de negocio; buscar a dónde mudarse, hacer la mudanza, entre muchos otros pasos).

Así pues, pensar en la solución y orientarse a su consecución es más efectivo, económico y gratificante que ponerse a rumiar sobre el pasado o las posibles causas a los problemas. Al menos esa es mi propuesta: transformación por encima de entendimiento.