
El “modelo griego”: los Sambia tienen una idea de hacerse hombre similar a la de los griegos antiguos.
Recomienda Carl Gustav Jung que para trabajar el nivel arquetipal de los símbolos, ese donde los significados se corresponden a lo más universal de la experiencia humana, lo mejor es estudiar los mitos y los cuentos infantiles, en particular, tanto como Antropología y Religiones Comparadas, en general. Esto debido a que la “mente natural”, como él la llama, se expresa del mismo modo que el pensamiento de los niños o las culturas aborígenes. Somos irracionales, en esencia, y la razón surge como un resultado posterior, tanto en el plano individual como en el colectivo.
Esa, al menos, es su teoría, la cual parece encontrar fundamento en la práctica clínica, especialmente en la interpretación de los sueños. Para mostrárselos déjenme primero contarles una historia real (que pueden confirmar con los libros del antropólogo Gilbert Herdt; también pueden profundizar en el tema leyendo este artículo sobre las relaciones homoeróticas rituales en los pueblos melanesios):

Los Sambia, una tribu de Papua Nueva Guinea, se conocen por sus “rituales de masculinización”. Por diversas razones – ser un pueblo guerrero una de las principales –, los Sambia consideran importantísimo el hecho de hacerse hombre y, por esto, su cultura dispone de una serie de rituales de iniciación, en donde “se hace crecer al muchacho” para “transformarlo en hombre”. Para esto, primero se le separa de la madre para que viva en la “Casa de los Solteros”. Allí su cuerpo alcanza la madurez biológica, mientras recibe tratamientos ceremoniales y, lo más importante, recibe la esencia de la masculinidad a través de la ingesta del semen de los mayores.
Así es. Dentro del pensamiento de los Sambia, si en la primera infancia se recibe la leche de la mujer; los muchachos, para crecer como hombres, deben recibir, también, la leche de los hombres.
Independientemente de nuestra opinión al respecto, los Sambia amplifican para nosotros lo que pasa en la mente masculina respecto a la masculinidad. En nuestra fantasía, la masculinidad es un logro, el cual implica la separación y la diferenciación de lo femenino.
Recordé esta historia cuando un joven me contó el siguiente sueño:
“Aparecí en una oficina y ahí estaba él. Le comenté que estaba pasando por un momento de desmotivación porque no he encontrado una relación. Me pidió que me recostara y después él ya estaba completamente desnudo, y yo comencé a hacerle sexo oral. Minutos después eyaculó, pero yo seguí haciéndole sexo oral hasta que volvió a tener otra erección y eyaculó por segunda vez”.
En el plano literal, este sueño pone en el tapete un hecho obvio incluso para el mismo soñante: el joven es gay y se siente atraído por el otro, un hombre mayor al cual admira por su “brillantez, inteligencia, cultura” y por “la libertad con la cual se expresa”. Ahora bien, esto lo sabemos porque la persona en cuestión me lo dice cuando pregunto un poco acerca del sueño. De hecho, él se queda en este nivel, sin notar que los sueños sexuales rara vez se refieren a algo sexual. Cualquier joven heterosexual pudiese tener un sueño similar y la única diferencia sería que en el caso del heterosexual, las imágenes no lo activarían sexualmente, como si lo hicieron con este muchacho (“Me desperté acelerado”).
¿Pero si no es de sexo, de qué va este sueño? Para algo les cuento la historia de los Sambia. Lo primero que podemos notar es el valor del semen como elixir. Este muchacho necesita apoyo, un apoyo que se relaciona con cómo ser hombre y hacer cosas de hombre (como conseguir una pareja). Su mente recurre a una persona que admira y de la que se imagina que tiene una experticia de la que él carece. Si el sueño, como dice Freud, es la satisfacción alucinatoria del deseo, pues lo que este sueño muestra es el intento alucinatorio por satisfacer el deseo de ser hombre en un muchacho inseguro de sí mismo. Es importante notar, en este punto, que de acuerdo a la lógica del sueño, el muchacho necesita de una doble dosis del elixir de la masculinidad.
Creo que un junguiano diría algo como “tu inconsciente te está enviando esas cualidades que necesitas”. Yo, que soy menos platónico, diría que el sueño nos habla de lo que es necesario desarrollar a través de la terapia. De manera que me ocuparía por precisar qué transmite ese semen, qué cualidades tiene ese hombre mayor que el muchacho cree no tener.
Hemos hablado acá de dos niveles de interpretación, el literal y el arquetipal. Hay un nivel intermedio que requiere del aporte de quien sueña. En este nivel, preferido por los psicoanalistas, se busca lo particular del significado del sueño. No es mucho lo que puedo decir yo al respecto, pues el mayor peso lo tienen las asociaciones libres del soñante. Sin acceso a esto, sólo podría decir que, quizás, el trabajo se orienta a explorar la relación con el padre, en tanto gran ausente en esta transición hacia la adultez.
Para finalizar, quiero destacar que el sueño contiene muchos otros elementos, a los cuales quizá vuelva en notas posteriores. Uno de ellos es la confirmación de que una cosa es el género y otra la orientación sexual. Estamos ante un conflicto típico de un hombre identificado como tal, independientemente del objeto que satisface a la pulsión sexual. El sueño nos deja ver las angustias masculinas referidas al paso a la adultez, independientemente de la orientación sexual del soñante.
El otro gran elemento, relacionado con la transferencia, puede ser más complejo de elaborar. Este muchacho ha tenido un sueño donde le hace sexo oral a un hombre mayor que él admira. Ese hombre, dice él, soy yo.



