Neurofeedback, trauma y psicoanálisis

BrainEstoy en medio de una serie webinars a los que atiendo semanalmente para escuchar a los autores más renombrados del momento en lo que a trauma se refiere. La semana pasada la ponente fue Sebern Fisher, autora de Neurofeedback in the Treatment of Developmental Trauma: Calming the Fear-Driven Brain. De las implicaciones de su trabajo quiero comentarles en este post.

Desde hace tiempo me interesa el neurofeedback, básicamente por lo que he escuchado de colegas que han visto el efecto del procedimiento en personas a las que tratan. La técnica si bien no es nueva, no se encuentra tan extendida, fundamentalmente por los efectos de una cultura centrada en sobrevalorar la psicofarmacología. Para darles una idea, acá en Toronto, al menos al día de hoy, no hay nadie ofreciendo servicios de neurofeedback (quizás tenga que ver que la inversión inicial para usar la técnica roza los $10.000, cuando se suma software, equipo y entrenamiento).

Por cierto, neurofeedback es el nuevo nombre del biofeedback. Agarre un sistema de retroalimentación – ahora mediado por computadora-, un aparato de encefalografía y voilà, ya estamos ante la “revolucionaria técnica” que no es más que condicionamiento operante asistido por computadora.

Lo primero que les puedo comentar, entonces, es acerca de mi decepción; la misma que sentí cuando asistí a los talleres de Motivational Interview y descubrí que este “revolucionario modelo para el cambio” no es más que un reempaquetado del trabajo de Carl Rogers y sus técnicas de reflejo. Agarre los diferentes tipos de reflejos, invéntense unos líneamientos a partir de algunas investigaciones empíricas para determinar cada cuántas frases debe introducir un reflejo específico y ya está, ya tiene un nuevo producto – un “protocolo”- que puede ser vendido en la medida en la que se mercadee apropiadamente.

Así pues, la psicoterapia no escapa del horizonte de nuestra época. Como cualquier otro gadget (corra a comprar el último iphone), como la dieta de moda (ahora es la paleo, hasta que alguien mercadee otra), los modelos y las estrategias de abordaje terapéutico siguen la estructura delineada por Lacan a través de su “discurso del capitalismo”, una serie de desplazamientos acerca de lo mismo, cuya finalidad, diría Zizek, es la circulación del capital.

No me malinterpreten. Estoy tratando de separar el grano de la paja, de eliminar mucho de la fantasía imaginaria alrededor del neurofeedback. Como toda técnica, el neurofeedback tiene un rango y un alcance y, por tanto beneficios y limitaciones. Me adelanto para decirles que la recomiendo y la usaría, sabiendo que tiene su lugar en un proceso terapéutico para resolver traumas, sin que por ello sea la única alternativa o “La Mejor”, así en abstracto.

¿Y para que sirve el neurofeedback? Para el paso fundamental que permite empezar a resolver los síntomas del trauma: la estabilización emocional a través de la disminución de la hiperexcitación nerviosa. De manera típica, una persona que lidia con traumas, especialmente con traumas complejos, está siempre hipervigilante, esperando a ver de dónde viene el próximo ataque.

El electroencefalograma permite ver la actividad cerebral y el programa de neurofeedback permite generar ondas de relajación que son retroalimentadas a la persona a traves de la computadora, de manera que se establece un circuito que refuerza la relajación, rompiendo el estado de hipervigilancia. Pero atención, esta ventaja no es diferente de la que se lograría con ejercicios de respiración, meditación, yoga, música barroca, sonidos binaurales, maquinas Megabrain o cualquier otra técnica de relajación. La única diferencia reside en el control, la posibilidad de monitorear la actividad cerebral en tiempo real, y, la más importante a mi parecer: la fantasía de estar frente a “La Solución”; siéntese allí por 20 minutos y juegue con este videojuego. Hágalo por 30 sesiones y verá los resultados. Eso, en nuestra cultura, es mucho más atractivo que “vamos a aprender a meditar. La primera regla es respire y céntrese en el presente, no espere resultados porque entonces no llegarán”.

Esta ventaja corre aparejada con una implicación ética, evidente en el discurso de Sebern Fisher. Ella no trata personas per se, ella trata cerebros a los cuales hay que calmar. Si Usted tiene un trauma, su cerebro está hiperactivo; venga que se lo vamos a calmar. Puedo imaginarme a más de un psicoanalista horrorizado . Sin embargo, “calmar el cerebro” es crucial, especialmente en casos de trauma complejo, donde la persona, generalmente, no quiere y no puede hablar. Por eso sentarse en un diván a asociar libremente debe manejarse con cuidado en casos de trauma y, por regla general, se encuentra contraindicado.

¿Pero el psicoanálisis se encuentra siempre contraindicado en casos de trauma complejo? ¡Por supuesto que no! De hecho, la enseñanza de Lacan nos permite dar cuenta de fenómenos que a nuestra ponente la dejan perpleja. En algún punto de su presentación Sebern Fisher admite que luego de unas sesiones, las personas quieren hablar. ¿Un cerebro calmado quiere hablar? No, un sujeto necesita elaborar ese Real cuya presencia desnuda causa el trauma. Es la elaboración simbólica la que permite hacer algo nuevo con la mortificación que ese Real causa. Eso que es tan obvio para cualquier lacaniano, ya lo vemos, se escapa cuando nos ubicamos fuera del discurso del analista.

El otro punto, y con esto cierro mis comentarios, es que Sebern Fisher no puede explicarse por qué algunas personas se benefician de la técnica, mientras que otras no. La autora puso el ejemplo de un veterano de guerra, el cuál vino con una sucesión de situaciones horrendas, junto a un ama de casa muy motivada (conscientemente) a superar su historia de abuso. Para su sorpresa (no necesariamente para los que atendemos el caso por caso), el veterano salió adelante, mientras la ama de casa dejó la terapia exactamente con el mismo monto de sufrimiento con el que llegó (quizás confirmando que su caso no tiene solución).

De todos los conceptos del aparato teórico de Lacan, es quizás la noción de goce (jouissance) lo que brinda una ventaja a los lacanianos sobre los demás profesionales psi. Si no reconocemos al sujeto del inconsciente, nos imaginamos que la terapia es cuestión de elegir lo lógico y racional: sentirse mejor. La clínica, sin embardo, desmiente esta aspiración (y lo sabemos desde el Más Allá del Principio del Placer, de Freud): la cura supone renunciar a un goce, ese placer excesivo, prohibido y desbordante que se encuentra más allá de la ley y la palabra en relación con una situación específica.

Calmar el cerebro ayuda a lidiar con un trauma pero, para “superarlo”, para hacer algo distinto con ese sufrimiento, un sujeto debe hacer una elección ética, dar un salto -el acto-. Esto, que no es más que lo más obvio de la condición humana, no puede verlo Sebern Fisher ni ningún profesional psi que se empeñe en reducirnos a ser sólo un cerebro.

RELÁJATE: EL SUEÑO DE LA PLAYA

Norman Rockwell Triple Autoportrait, Triple Self-portraitAl comentar este sueño de una persona que me sigue en twitter, quiero aprovechar la oportunidad para destacar cómo en las relaciones 2.0 se dan los mismos fenómenos que en la vida cotidiana, la 1.0. El medio cambia pero las mentes siguen siendo las mismas; funcionando siempre del mismo modo.

De manera general conocemos a alguien y, a falta de información, comenzamos a asumir, intuir… a proyectar nuestra fantasía. Eso que depende de elementos concretos (e.g. “esos ojos me inspiran ternura”, “se ve que es inteligente”) se vuelve difuso en los encuentros virtuales y, paradójicamente, la falta de señas hace que sea más fácil proyectarnos (¿cuántas veces no nos hemos decepcionado de conocer en persona a alguien que durante nuestros encuentros por Internet imaginábamos completamente distinta?). Mientras menos podamos identificar las características del otro, más rápido nos proyectaremos, colocando allí afuera lo que, en última instancia, nos pertenece.

Ese es el “truco” del psicoanálisis. Un profesional entrenado en la técnica de suprimir su propia subjetividad – mantener la cara de póquer – señala a quien se sienta en su diván quién (o qué) es ese Otro que el analizante engancha en la figura del analista. Este desplazamiento, la actualización de relaciones primordiales en la relación analítica, es lo que se conoce como transferencia y es lo que sostiene al proceso de análisis. El psicoanalista, si se coloca en la posición que corresponde, sólo le interesa la verdad de ese sujeto y no se entristece, ni se molesta… no demanda nada salvo que ese que se acuesta en el diván se entregue a la experiencia de la asociación libre.

Lo curioso es que desde la perspectiva del analizante, el psicoanalista debería saber lo que le pasa; “dígame lo que tengo”, “cuál es mi diagnóstico”, “qué es lo que piensa de mí”, “¿soy normal o estoy muy loco?” serían las formas más obvias de esta pretensión, a saber, que el analista sabe. Se dice entonces, que el analista es colocado por el analizante en en el lugar supuesto-saber.

El lugar supuesto-saber, “hay alguien que no soy yo que sí sabe sobre mí”, puede aparecer proyectado en sueños. Por eso me he permitido este rodeo, para dar contexto al sueño en cuestión en este post.

Te vi en una casa de playa. Junto a otras personas mirábamos el mar pero ninguno entró a bañarse. Tú estabas contento con otro grupo de mujeres y me decías “anda ponte el traje de baño y toma el sol”.

Comencemos por los elementos clave: una casa de playa, personas mirando el océano pero ninguno se baña, mi persona, la relación con el grupo de mujeres y con la soñante y la orden y el mensaje con el que termina el sueño.

La persona que tuvo este sueño no sabe mucho mí, aunque sabe que soy psicólogo y que interpreto sueños. A propósito de esto, mi presencia en su sueño indica algo de ella, no de mí; es una fantasía proyectada. Los sueños siempre hablan del soñante, no de las personas que aparecen en el sueño.

De igual forma, para la interpretación lo más importante es la asociación libre del soñante. En estos posts, sin embargo, me aventuro a lanzar algunas ideas a modo de hipótesis de trabajo.

Lo primero que me llama la atención es la ubicación: la playa, el mar, y el hecho de que los protagonistas no se aventuren a meterse al agua. La mayoría de las veces resulta útil pensar en el mar como el inconsciente. “Ninguno se baña”. Entre esas partes internas, las personas, y el mar, hay una distancia, se encuentran separadas. El sujeto se encuentra dividido y el sueño anuncia que hay contenidos inconscientes que podrían aparecer. ¿Qué pasaría si esas personas se bañan en el mar, entonces?

A la vez, yo aparezco contento con otro grupo de mujeres. Este es el lugar supuesto-saber y la imposibilidad de alcanzarlo (“está con ellas y no conmigo”), a la vez que se obtiene una orden – ponte el traje de baño – y un consejo que, en última instancia, puede traducirse en “relájate”. El comando sobre el traje de baño podría ir en varias direcciones; por un lado, a desestimar la seducción, a la vez que la sugiere y por el otro, el de ponerse el traje apropiado para la ocasión. Podría decir una que otra cosa acerca de cómo se percibe a sí misma esta persona; pareciera que, conscientemente, no confía mucho en sí misma. Casi estoy tentado a decir que, aunque dividido, no quiere saber. Limitémonos a decir entonces: prepárate para hacer tu trabajo pendiente y relájate.

Cambiemos de lenguaje para hacer más accesible la cosa. Las partes de un sueño, de acuerdo a la psicoterapia gestalt, son partes del mundo interno que aparecen proyectadas. Ese Carlos sería una proyección de lo que algunos llamarían “el terapeuta interno”. Si seguimos con la idea de la autoconfianza, ésta se encuentra proyectada en otros, y parte del proceso sería recuperarla; tomar consciencia que de ella nadie, salvo ella misma, puede saber.

Este proceso podría empezar investigando qué es todo eso que la soñante ha puesto en mí; cuál es su fantasía respecto al Carlos de carne y hueso. Un terapeuta gestáltico propondría algunos ejercicios para reapropiarse de la proyección; para empezar a asumir esa sabiduría interna, esa posibilidad de autoconocimiento. Desde el psicoanálisis lacaniano, yo diría que ella está en transferencia y, si yo fuese su analista, que no lo soy, la invitaría a pasar del sillón de las sesiones preliminares al diván. A empezar a bañarse en el mar, como quien dice.

Por otra parte, y esto tiene que ver con el hecho de que ella no es mi cliente pero probablemente está en alguna forma de psicoterapia, el mensaje es claro: tómatelo con calma. Conocerse a uno mismo implica aprender a seguir el paso del self, del sujeto (o cualquiera de los otros nombres que se usen de acuerdo al modelo del profesional), antes que imponer el ritmo de la consciencia, de las presiones del “ya debería haber resuelto esto”, “yo debería controlar tal cosa” o “si me apuro terminaré más rápido”.

El tiempo de la terapia o del análisis no se determina. Uno se lanza a la aventura (¿al agua?) y lo mejor es no buscar, porque en el camino siempre algo se encuentra. Tarea: leer el poema de Kavafis, Itaca.

LACANALAIRE: OBERTURA

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Con Colette Soler al final del Seminario, París, Julio 2013

… es estrictamente imposible formular una pregunta sensata en el lenguaje usado por esta comunidad; uno tendría que tener la desvergüenza del Hurón o el descaro grotesto del niño de El Emperador Desnudo para hacer la observación correspondiente. Esta sería, sin embargo, la única manera de abrir las cosas a la discusión allí.

Jacques Lacan, 1956

Déjenme relatarles lo que considero el nodo central de mi experiencia en el Segundo Seminario en Inglés del Grupo de Investigación de las Formaciones Clínicas del Campo Lacaniano, llevado a cabo en París en Julio de 2013 (Second English Speaking Seminar of the Research Group of Clinical Formations of the Lacanian field. Paris, July 6, 7, 2013), cuyo título fue Los Nombres del Padre y los Padres (The Name of the Father and Fathers).

Para este encuentro, cada uno de los miembros del grupo de presentadores eligió una formulación de Lacan para ser comentada. Colette Soler, iniciando la tarde del sábado 6 de Julio, tomó un párrafo del Seminario XXII: RSI, de la clase del 21 de Enero de 1975.

14.30 / 17.30
COLETTE SOLER, Chair, Radu Turcanu

Séminaire R.S.I. De la leçon du 21 janvier 1975
“Il faut que n’importe qui puisse faire exception pour que la fonction de l’exception devienne modèle, mais la réciproque n’est pas vraie — il ne faut pas que l’exception traîne chez n’importe qui pour, de ce fait, constituer modèle”.

Seminar R.S.I., from the lesson of January 21 1975
“It is necessary that anyone can make an exception in order that the function of the exception becomes a model, but the reverse is not true—the exception mustn’t hang about with just anyone, for it thereby constitutes a model.”

De acuerdo a sus palabras, eligió este punto por considerarlo crucial: la excepción se convierte en el modelo, pero ser una excepción no es suficiente para ser un modelo.

Para darle contexto a esta idea, articuló su discusión con la pregunta ¿qué es lo que constituye a un buen padre? En el sentido de ¿qué hace que un padre cumpla adecuadamente su función? Su respuesta, basada en el comentario del texto es que quien se encuentra en la posición de padre debe ser discreto en torno a su resolución síntomática. Este sería el gran reto para cualquiera que se confronte con la crianza, desarrollar lo simbólico al punto de poder sostener la función.

Por supuesto, podría pasar unas buenas páginas desarrollando el punto, pero prefiero ir al grano. La discusión de Colette Soler se basó en dos ideas conocidas por todo psicoanalista lacaniano. La primera, que Lacan disoció de manera radical al sujeto de lo biológico. No se es hombre por tener pene, como no se es mujer por tener vagina. El aparato teórico de Lacan, a partir de las fórmulas de la sexuación, nos muestra que el sexo, en lo simbólico, es mucho más complejo, y se relaciona con posiciones – masculina y femenina – determinadas por la función fálica.

La segunda idea, es que el Nombre del Padre, como función, se encuentra en lo simbólico. Tal y como se deduce del comentario de Soler, en la estructura, el padre, el garante de la Ley, podría ser un tío, como sucede en algunas sociedades. ¡También podría ser una mujer! Esto no lo dijo la ponente, pero fue mi asociación a partir de lo que ella dijo: piénsese en Elizabeth I de Inglaterra y en cómo pudo colocar a un lado su vida privada – ser discreta en su resolución síntomática – para mantenerse como la soberada del reino, para ser exitosa en la implantación de la Ley.

Fue acá que no pude contenerme, y sabiendo de la larga trayectoria de la presentadora en la vida institucional del psicoanálisis, tanto como constatando su erudición a la hora de comentar los textos de Lacan, me atreví a formular mi pregunta:

Con estas dos ideas, la de la sexuación como expresión de la disociación entre sujeto y biología y la del Nombre del Padre como una función en los simbólico, usted ha servido la mesa para una discusión fructífera en torno al asunto de la homoparentalidad (v.g. cuando los matrimonios del mismo sexo deciden tener hijos). Por eso le pregunto: ¿qué cree que suceda con los psicoanalistas que a la hora de abordar este tema pierden los papeles, argumentando hacia el lado negativo de la homoparentalidad, hacia el por qué no debería suceder?

Desde ya les adelanto que agradezco, primero, que toleraran el modo en el que formulé la pregunta y, segundo, el tiempo que los panelistas dedicaron a responderla. Claro, no fue un recorrido directo. De hecho, y frente a la incomodidad inicial, mi respuesta ese día fue que mejor la dejábamos para el domingo en la tarde, durante el espacio abierto para la discusión.

Al día siguiente, Colette Soler tomó la palabra para responderme: “Vamos a ver si entiendo la pregunta. Se refiere a qué sucede cuando un psicoanalista no está de acuerdo con los modelos alternativos de familia”. ¡Noten el desplazamiento de “por qué pierden los papeles” a “cuando no está de acuerdo” o de “homoparentalidad” a “modelos alternativos de familia”! Por supuesto, no pude sino replicar:

“Me parece muy interesante el modo en el que reformula la pregunta. Todos sabemos lo que pasa cuando un psicoanalista no está de acuerdo con los matrimonios del mismo sexo y la homoparentalidad: escribe sus opiniones personales haciéndolas pasar como planteamientos teóricos. Mi pregunta es precisamente esa, por qué no pueden sostener la posición del analista frente a este fenómeno social”.

Lo que vino a continuación fue una discusión entre tensa y estimulante, acerca del papel del psicoanalista en el horizonte de nuestra época. Fue muy interesante escuchar a Colette Soler decir cosas como “bueno, es un tema complejo, porque un psicoanalista puede sentir la necesidad de escribir en contra del matrimonio gay y eso podría ser parte de su papel como psicoanalista” (lo que plantea una interrogante cuya respuesta he venido articulando desde entonces: ¿es que acaso todo lo que dice un psicoanalista procede de la posición del analista?).

Al final mi pregunta fue respondida. Otro de los panelistas concluyó que los psicoanalistas también tienen prejuicios, que el matrimonio del mismo sexo es relativamente nuevo y potencialmente amenazante y qué cada psicoanalista hace lo que puede a la hora de teorizar al respecto.

Dado que el seminario se refería a Los Nombres del Padre y los Padres, yo no puedo sino estar honrado por el tiempo dedicado a responder mi pregunta. En lo personal creo que el tema de la homoparentalidad es complejo y que los verdaderos problemas están más allá de la reacción desde lo imaginario, desde esa fantasía según la cual hay algo destructivo o amenazante en el hecho de que dos personas con genitales similares formen familias. Hay que ir más allá de este velo si queremos empezar a articular las implicaciones de este “callejón sin salida” de los tiempos que corren.

Cierro mi relato diciendo que algo parece haberse movido con la discusión, al menos de mi lado. Desde ese evento, y quizás gracias a él, he retomado la investigación, como la que se suele activar al formar parte de un cartel. Ya les contaré. De eso tratan mis próximas entregas.

HACERSE HOMBRE: EL SUEÑO DEL SEXO ORAL

el modelo griego de la masculinidad

El “modelo griego”: los Sambia tienen una idea de hacerse hombre similar a la de los griegos antiguos.

Recomienda Carl Gustav Jung que para trabajar el nivel arquetipal de los símbolos, ese donde los significados se corresponden a lo más universal de la experiencia humana, lo mejor es estudiar los mitos y los cuentos infantiles, en particular, tanto como Antropología y Religiones Comparadas, en general. Esto debido a que la “mente natural”, como él la llama, se expresa del mismo modo que el pensamiento de los niños o las culturas aborígenes. Somos irracionales, en esencia, y la razón surge como un resultado posterior, tanto en el plano individual como en el colectivo.

Esa, al menos, es su teoría, la cual parece encontrar fundamento en la práctica clínica, especialmente en la interpretación de los sueños. Para mostrárselos déjenme primero contarles una historia real (que pueden confirmar con los libros del antropólogo Gilbert Herdt; también pueden profundizar en el tema leyendo este artículo sobre las relaciones homoeróticas rituales en los pueblos melanesios):

guardians of the flutes

Los Sambia, una tribu de Papua Nueva Guinea, se conocen por sus “rituales de masculinización”. Por diversas razones – ser un pueblo guerrero una de las principales –, los Sambia consideran importantísimo el hecho de hacerse hombre y, por esto, su cultura dispone de una serie de rituales de iniciación, en donde “se hace crecer al muchacho” para “transformarlo en hombre”. Para esto, primero se le separa de la madre para que viva en la “Casa de los Solteros”. Allí su cuerpo alcanza la madurez biológica, mientras recibe tratamientos ceremoniales y, lo más importante, recibe la esencia de la masculinidad a través de la ingesta del semen de los mayores.

Así es. Dentro del pensamiento de los Sambia, si en la primera infancia se recibe la leche de la mujer; los muchachos, para crecer como hombres, deben recibir, también, la leche de los hombres.

Independientemente de nuestra opinión al respecto, los Sambia amplifican para nosotros lo que pasa en la mente masculina respecto a la masculinidad. En nuestra fantasía, la masculinidad es un logro, el cual implica la separación y la diferenciación de lo femenino.

Recordé esta historia cuando un joven me contó el siguiente sueño:

“Aparecí en una oficina y ahí estaba él. Le comenté que estaba pasando por un momento de desmotivación porque no he encontrado una relación. Me pidió que me recostara y después él ya estaba completamente desnudo, y yo comencé a hacerle sexo oral. Minutos después eyaculó, pero yo seguí haciéndole sexo oral hasta que volvió a tener otra erección y eyaculó por segunda vez”.

En el plano literal, este sueño pone en el tapete un hecho obvio incluso para el mismo soñante: el joven es gay y se siente atraído por el otro, un hombre mayor al cual admira por su “brillantez, inteligencia, cultura” y por “la libertad con la cual se expresa”. Ahora bien, esto lo sabemos porque la persona en cuestión me lo dice cuando pregunto un poco acerca del sueño. De hecho, él se queda en este nivel, sin notar que los sueños sexuales rara vez se refieren a algo sexual. Cualquier joven heterosexual pudiese tener un sueño similar y la única diferencia sería que en el caso del heterosexual, las imágenes no lo activarían sexualmente, como si lo hicieron con este muchacho (“Me desperté acelerado”).

¿Pero si no es de sexo, de qué va este sueño? Para algo les cuento la historia de los Sambia. Lo primero que podemos notar es el valor del semen como elixir. Este muchacho necesita apoyo, un apoyo que se relaciona con cómo ser hombre y hacer cosas de hombre (como conseguir una pareja). Su mente recurre a una persona que admira y de la que se imagina que tiene una experticia de la que él carece. Si el sueño, como dice Freud, es la satisfacción alucinatoria del deseo, pues lo que este sueño muestra es el intento alucinatorio por satisfacer el deseo de ser hombre en un muchacho inseguro de sí mismo. Es importante notar, en este punto, que de acuerdo a la lógica del sueño, el muchacho necesita de una doble dosis del elixir de la masculinidad.

Creo que un junguiano diría algo como “tu inconsciente te está enviando esas cualidades que necesitas”. Yo, que soy menos platónico, diría que el sueño nos habla de lo que es necesario desarrollar a través de la terapia. De manera que me ocuparía por precisar qué transmite ese semen, qué cualidades tiene ese hombre mayor que el muchacho cree no tener.

Hemos hablado acá de dos niveles de interpretación, el literal y el arquetipal. Hay un nivel intermedio que requiere del aporte de quien sueña. En este nivel, preferido por los psicoanalistas, se busca lo particular del significado del sueño. No es mucho lo que puedo decir yo al respecto, pues el mayor peso lo tienen las asociaciones libres del soñante. Sin acceso a esto, sólo podría decir que, quizás, el trabajo se orienta a explorar la relación con el padre, en tanto gran ausente en esta transición hacia la adultez.

Para finalizar, quiero destacar que el sueño contiene muchos otros elementos, a los cuales quizá vuelva en notas posteriores. Uno de ellos es la confirmación de que una cosa es el género y otra la orientación sexual. Estamos ante un conflicto típico de un hombre identificado como tal, independientemente del objeto que satisface a la pulsión sexual. El sueño nos deja ver las angustias masculinas referidas al paso a la adultez, independientemente de la orientación sexual del soñante.

El otro gran elemento, relacionado con la transferencia, puede ser más complejo de elaborar. Este muchacho ha tenido un sueño donde le hace sexo oral a un hombre mayor que él admira. Ese hombre, dice él, soy yo.

CÓMO EJERCER LA PSICOLOGÍA O LA PSICOTERAPIA EN CANADÁ

Con frecuencia me consultan acerca de cómo ejercer la psicología o la psicoterapia en Canadá. Por eso he decidido hacer este post. Por supuesto, está escrito desde la perspectiva de un counsellor quien, además de conocer el sistema canadiense, tiene experiencia de primera mano en lo que a llevar una práctica se refiere. Nada de lo que diga acá equivale a un consejo legal; los datos aportados son estrictamente informativos y basados en las regulaciones vigentes hasta Abril de 2012 para la provincia de Ontario.

En resumen estos son los pasos:

1. BRIDGE TRAINING PROGRAM

Si estudiaste psicología (o alguna carrera relacionada con la salud mental), la manera más conveniente de insertarte en el mercado laboral canadiense es a través del Bridge Training Program (BTP), allí encontrarás la formación académica para la práctica de salud mental en Ontario, el apoyo para que desarrolles el lenguaje y la comunicación específica de la ocupación, y la formación clínica supervisada para que tengas la famosa “experiencia canadiense”. Si optas por este programa, puedes prescindir de los pasos siguientes (porque el programa te guía en este sentido).

2. WORLD EDUCATION SERVICE

Si quieres hacer todo por tu cuenta, empieza por revisar la página de World Education Services (WES) para que evaluen tus credenciales. Esta agencia emite un documento reconocido oficialmente que indica a qué equivalen tus estudios. Lee bien porque todo lo puedes hacer por Internet.

Te recomiendo que incluyas el servicio de traducción (solo es cuestión de marcar la opción cuando pagas por el servicio). En este sentido, no gastes dinero en traducciones hechas en tu país de origen. Al llegar acá descubrirás que te pedirán traducciones hechas por personas certificadas en Canadá para tal fin. Claro que en tu país puedes encontrar traductores certificados por Canadá, pero en el caso de Venezuela, por ejemplo, donde la economía es tan absurda, notarás que te sale más económico hacerlo acá en Canadá que allá.

No pierdas tiempo y dinero con los apostillados de títulos y otros documentos. Acá ni se fijan en eso.

Si la validación la haces porque tienes pensado estudiar en la Universidad de Toronto, no uses WES sino esta oficina. Lo que gastes allí luego te lo descuentan del pago de la matrícula.

3. THE COLLEGE OF PSYCHOLOGIST OF ONTARIO

En Canadá, la psicología es una profesión regulada por el gobierno, es decir que, por ley, deben cumplirse ciertos requisitos. En la provincia de Ontario (las regulaciones son provinciales, no federales), para llamarte psicólogo debes tener un doctorado en psicología. Si tu nivel es de maestría puedes considerarte asociado psicológico (psychological associate), luego de registrarte en el colegio. Si, como en el caso de Venezuela o México, eres un licenciado, eso no te habilita para ser psicólogo en Canadá, necesitas tener al menos el nivel de master, para una habilitación parcial, e idealmente el nivel de doctorado.

Si tienes maestría o doctorado, revisa los requisitos del colegio de psicólogos de Ontario. Inscribirte ahí es el siguiente paso luego de evaluar tus credenciales. Para trabajar con clientes/pacientes, tu doctorado debe ser en psicología clínica aplicada o counselling. Otros postgrados no te habilitan, ni siquiera el de psicología clínica si es de orientación teórica o de investigación.

4. THE ONTARIO ASSOCIATION OF CONSULTANTS, COUNSELLORS, PSYCHOMETRIST AND PSYCHOTHERAPIST (OACCPP)

Si no cumples con los criterios anteriores aún puedes trabajar como counsellor o psicoterapeuta. Con las equivalencias de WES y con la traducción de tus credenciales clínicas (formación en psicoterapia, práctica supervisada, etcétera) solicitas la membresía en esta asociación gremial. Revisa los pasos en la página de la OACCPP. Todo puedes hacerlo por fax y/o por correo.

Con esto estás listo para buscar trabajo, sólo es cuestión de que te des a conocer. En este sentido el networking es lo más importante. Forma parte de grupos comunitarios, advisory committees, grupos de networking para profesionales, haz talleres y cursos y, por encima de todo, voluntariado en tu área… No solo desarrollarás experiencia sino que es a través de las relaciones personales que tu hoja de vida será considerada por algún empleador.

Claro, también puedes apostar por la práctica privada (con todos los desafíos que eso supone). En ese caso, continua con el siguiente paso.

5. LIABILITY INSURANCE

Con la membresía de la OACCPP puedes adquirir el seguro de responsabilidad profesional (liability insurance), el cual te protege en caso de que un client/paciente te demande. La información sobre el corredor de seguro viene en el paquete que te envían cuando te asocias.

Si tienes este seguro y apuestas por la práctica privada, sólo es cuestión de montar tu oficina y promoverte para que empieces a recibir clientes/pacientes. Atención: necesitas sólidas destrezas de mercadeo si optas por esta vía. Mi percepción es que la gente acá suele ser muy privada respecto al uso de terapeutas, de manera que, aunque seas bueno, es poco probable que los clientes/pacientes te lleguen por el de boca en boca. Debes enfocarte, sobretodo, en la presencia web y en la referencia de otros profesionales o los servicios de referencia.

Hasta este año era posible ejercer de manera privada con el respaldo de la OACCPP. Sin embargo, esto va a cambiar pues la psicoterapia está en vías de convertirse en una profesión regulada. Por eso, vete preparando y si has seguido esta ruta revisa el paso siguiente.

6. THE TRANSITIONAL COUNCIL OF THE COLLEGE OF REGISTERED PSYCHOTHERAPISTS AND REGISTERED MENTAL HEALTH THERAPISTS

En la página del Transitional Council conseguirás los requisitos para ir preparando tu portafolio y registrarte como psicoterapeuta o terapista de la salud mental. Es la realidad inmediata de la práctica de la psicoterapia en la provincia y está muy próxima a implementarse. La mejor recomendación que puedo darte es que, si te interesa aprovechar esta transición, hagas los pasos anteriores lo más rápido posible y aproveches el granparenting, o proceso de certificación de los primeros psicoterapeutas. Siempre es más sencillo certificarse con la primera camada que con las siguientes. Como puntos importantes, una vez que se implemente la regulación, la practica privada estará reservada sólo a aquellos profesionales que hayan tenido cierto mínimo de horas de trabajo clínico supervisado en Ontario. De hecho, como parte de los requisitos necesitas tener horas trabajadas en Ontario, con lo que se limita el registro para recien llegados o newcomers. Así que si tu meta es trabajar en la práctica privada, debes seguir los pasos anteriores que te he mencionado.

Espero que este mapa te sirva para orientarte. Para cualquier detalle adicional o preguntas más específicas de tu situación, puedes solicitar mis servicios como counsellor, cara a cara si estás en Toronto, o virtual si estás en otro lugar. En éste último caso, el pago de honorarios lo manejo a través de PayPal. Recuerda que las consultas sobre inmigración sólo pueden ser hechas a abogados o consultores de inmigración y que mis servicios se ubican estrictamente en el apoyo psicosocial y la consejería.

MEDITACIÓN Y SALUD MENTAL: ESTADO DEL ARTE

A lo largo de la historia de Occidente, muchas personas se han acercado a la meditación. La mayoría de ellas por la vía del desarrollo espiritual. En la actualidad, sin embargo, sus beneficios son reconocidos también por la medicina en general y por la psicoterapia en particular, cada día con más fuerza.

Así es. El grueso de la investigación científica aporta datos que validan a la meditación como una herramienta útil para casos que incluyen condiciones crónicas, trastornos de ansiedad, depresión, junto a otros problemas emocionales.

En términos generales, la meditación es una práctica por la cual se entrena la mente, para generar ciertos estados de conciencia, con miras al logro de ciertos beneficios. En su dimensión espiritual el objetivo último es “alcanzar la iluminación”. En su dimensión terrenal la meta suele ser mucho más modesta, relacionada con lograr cierta paz mental y, por supuesto, con la eliminación de síntomas de naturaleza emocional.

Meditar es muy fácil, aunque se requiere de un guía o entrenador, especialmente al principio, cuando es importante adquirir la técnica e identificar las señales de que se ha alcanzado ese estado mental que la caracteriza. Sin embargo, hay que tener cuidado pues, en este mundo globalizado, podemos encontrar variantes de la meditación que no calzan en la descripción o los usos de los que hablo. Meditación es un término amplio, el cual tiene, además, varias acepciones.

De manera que no, acá no me refiero a ponerse a pensar sesudamente acerca de un problema (“estoy meditando acerca del mejor modo de zafarme de mi pareja”) ni tampoco en muchas de las meditaciones provenientes de la nueva era, cargadas de visualizaciones con intenciones curativas (“imagina tu tercer chakra abriéndose y notando como tus problemas sexuales desaparecen”) o devocionales (“imagina que tu ángel de la guarda te protege con su manto de luz”).

La meditación que ha encontrado mayor soporte y difusión en el ámbito de la salud es la llamada Meditación de Atención Plena (Mindfulness Meditation) o meditación zen, donde el practicante se sienta “cómodamente y sin hacer nada”. La práctica consiste en focalizar la atención en la respiración y en aceptar lo más inmediato de nuestra experiencia, las sensaciones corporales. Se reconoce que no vamos a dejar de pensar, y el entrenamiento consiste en observar esos pensamientos sin seguirlos, como quien mira un nube cuando cruza el cielo. La respiración sirve de ancla, y si nos descubrimos siguiendo los pensamientos (imaginando escenarios futuros o recordando eventos pasados) gentilmente reconocemos que forma parte de nuestra naturaleza, mientras inhalamos lenta y profundamente y volvemos a concentrarnos en el ritmo de nuestra respiración.

Para los interesados, puedo recomendar una serie mínima de libros para ponerse a tono con el tema:

  1. Lenoir, F. (2000). El budismo en occidente. Editorial Seix barral. Este libro provee un excelente marco histórico para comprender la presencia del budismo, y su técnica por excelencia – la meditación – y cómo éstos se han ido integrando a la sociedad occidental, en olas que vienen desde siglos atrás.
  2. Watts, A. (1992/1961). Psicoterapia del Este, Psicoterapia del Oeste. Editorial Kairós. Un clásico que compara el modo de obrar occidental (centrado en la ciencia) con el propio del oriente (y su énfasis en la contemplación), en lo relativo al manejo del salud mental. Allan Watts es uno autores más importantes de la segunda mitad del siglo XX, en lo que se refiere a la difusión del budismo, la meditación y el yoga.  Cualquier texto de este autor es altamente recomendado.
  3. Kabat-Zinn, J. (2007). Vivir con plenitud las crisis: Cómo utilizar la sabiduría del cuerpo y de la mente para afrontar el estrés, el dolor y la enfermedad. Editorial Kairós. Este autor es el principal difusor contemporáneo de la meditación de atención plena como coadyuvante de la salud. La labor de este Doctor en Biología Molecular, condensada en un programa de entrenamiento en meditación que dura 8 semanas, ha revolucionado al sistema de salud en Norteamérica, al punto que muchos hospitales ofrecen este programa para personas con problemas físicos o emocionales.

Dada esta lista, debo enfatizar que lo más importante es la práctica. Entre leer y no practicar, o practicar y no leer, es mucho mejor la segunda opción (¡imagínense cómo será de importante la práctica que yo, lector voraz, sugiera dejar a un lado la lectura!). El conocimiento intelectual sin la práctica nos dejará en la posición de poder hablar sobre la meditación, sin tener lo esencial, la experiencia de haber meditado. Leer no va a calmar nuestra mente, ni va a fomentar la calma o la paz mental que se logra cuando cerramos los ojos y nos conformamos con estar en contacto con nosotros mismos. Esa es, al final, la única promesa que nos ofrece la meditación de atención plena, la de estar presente con nuestro presente. Los beneficios relacionados con la salud mental se derivan en su totalidad de este cambio de énfasis, donde se pasa del hacer al contemplar.

¿QUÉ ES LA TERAPIA ORIENTADA A SOLUCIONES?

Una colega muy querida me preguntó a qué me refería cuando en mis tarjetas de presentación colocaba que ofrezco “psicoterapia orientada a soluciones“.

La pregunta es muy pertinente, pues lo común es que el servicio profesional de un psicoterapeuta se ofrezca de manera genérica (v.g. “practica privada de la psicoterapia”) o a partir del modelo teórico desde el cual se practica (v.g. “psicoanalista”, “terapeuta gestalt”, entre otros). En mi caso, me parece importante aclarar que mi eje no es un modelo en particular, sino el lugar desde la cual ejerzo mi profesión.

Si algo puede decirse de la terapia centrada en soluciones es que es una actitud, una manera de usar las teorías y las técnicas propias de la psicoterapia de un modo que marcan distancia con respecto a las aproximaciones tradicionales. En este punto vale decir que mucha agua ha corrido desde que la psicoterapia contemporánea se iniciara, allá en 1900, cuando Freud publicó La Interpretación de los Sueños. La psicoterapia es un campo amplio y dinámico – una disciplina por mérito propio – donde es posible, e incluso necesario, pensar más allá de la técnica psicoanalítica o de los procedimientos conductistas.

Hoy más que nunca estamos frente a un cúmulo de información, de experiencias clínicas y de investigación que nos permite pensar que:

1. ‘Entender’ no significa resolver un problema. Con mucha frecuencia recibo clientes que han tenido experiencias previas de psicoterapia. Algunos dicen haber entendido mucho (“yo se lo que me pasa”); otros no saben cómo calificar el proceso anterior en la medida en la cual no pueden referir ninguna ganancia concreta (eliminación del síntoma, o adquisición de una nueva destreza o algún cambio en la situación que los llevó a terapia). En ambos casos vienen a terapia, usualmente con el mismo problema aún sin resolver.

La terapia centrada en soluciones empieza precisamente por definir en qué consiste el éxito de la terapia, para luego orientar todos sus esfuerzos en lograrlo. Hay indicadores específicos y concretos establecidos de antemano que permiten evaluar las intervenciones. Por supuesto, el trabajo continúa con lo que es la marca fundamental de esta aproximación: redefinir el problema de manera que sea resoluble. Así, por ejemplo, un cliente me dice que (y me muestra cómo) no puede contener la ansiedad y la tristeza ante el temor de perder a sus nietos. Luego de la entrevista inicial ese problema queda redefinido, a la vez que creamos un plan de acción para ser puesto en marcha: esa experiencia de hace 20 años, la separación de tu familia, te marcó al punto de traumatizarte. Vamos a eliminar este componente traumático y vamos a desarrollar las destrezas para que puedas ver esta situación de ahora  -la pelea por la custodia de los nietos- por lo que es (y no por lo que te pasó). Con esto podrás tomar decisiones que sean más útiles y efectivas en este momento. Al chequear con el cliente, esta re-descripción le hace sentido y se va de la primera sesión sorprendido, por un lado, y esperanzado, por el otro.

2. La transformación es una experiencia acerca del resultado, no acerca del medio por el cual se logra. Cuando escribes un documento en Word, ¿necesitas saber cómo el software fue elaborado? ¡En lo absoluto! Te interesa que el documento tenga las características que le has asignado a la hora de escribirlo o imprimirlo. Así mismo pensamos en la terapia orientada a soluciones: el cliente es el experto en su experiencia de vida y en lo que quiere lograr, y el terapeuta es un consultor que tiene experticia en técnicas para conseguirlo. Es una relación entre personas al mismo nivel, trabajando en pro del beneficio de ambos (bienestar por el lado del cliente, crecimiento profesional por el lado del terapeuta).

Dos ejemplos al respecto. El primero, el caso típico cuando alguien sabe que trabajo con hipnosis: “¡ay! ¡yo quiero que me hagas una  hipnosis!“. Pregunta obligada: ¿y para qué? Dime qué te gustaría lograr (o por lo menos cuál es el problema). Cuando desplazamos el énfasis a la solución, nos interesa la efectividad y la eficiencia, antes que la lealtad a o el fetichismo por una técnica. Como todas, la hipnosis tiene un foco, un rango y, por supuesto, contraindicaciones. ¿Quieres cambiar un hábito, como dejar de fumar o alcanzar tu peso ideal? ¡De seguro la hipnosis te puede ayudar! ¿Tienes un trauma que quieres superar? Pues entonces comencemos con EMDR (Eye Movement Desensitization and Reprocesing), una técnica mucho más efectiva en estos casos. Hablando de límites: las terapias por la palabra están contraindicadas en casos de traumas; simplemente no sirven, además que tienen el riesgo de retraumatizar a la persona que queda expuesta de nuevo a los contenidos que causan el problema.

Esto me lleva al segundo ejemplo, el de aquellos casos donde la persona cree que es responsable de todo el proceso. Como dije anteriormente, la terapia centrada en soluciones es un proceso colaborativo entre cliente (experto en vivencias) y psicoterapeuta (experto en técnicas). Entre ambos surge la sinergía -la magia- que permite la transformación. A veces me encuentro con personas que como no saben cómo van a cambiar no creen que el cambio es posible. El asunto es que la transformación puede ocurrir sin que la persona esté plenamente consciente de cómo está cambiando, a la vez que puede sentir que, efectivamente, lo está haciendo. Esto es particularmente cierto cuando hablamos de traumas o de depresión. Claro que hay espacio para entender, y claro que yo puedo explicar cómo operan las técnicas y los modelos de la mente que subyacen el empleo de las técnicas, pero lo cierto es que todo esto es irrelevante desde la perspectiva de alguien que quiere resolver un problema. Por algo me contratan; por mi experticia en el manejo de técnicas para promover el cambio.

La terapia centrada en soluciones es también un campo amplio que incluye a muchas formas de la terapia breve, a la hipnoterapia, las terapias sistémicas y/o de familia… Todas tienen en común la recursividad y el pragmatismo del que hablo en este post. Para finalizar, debo decir que a la terapia orientada a soluciones llegué como resultado de pensar la psicoterapia desde fuera de la psicoterapia. Luego de estudiar psicología, estudié filosofía y ciencias sociales. Desde estas otras disciplinas pude zafarme de algunas ideas generalizadas entre los psicólogos académicos, pero carentes de fundamento alguno (por ejemplo eso de que “hay que casarse con un modelo teórico”). También pude ponerme en contacto con los desarrollos más novedosos de la disciplina, como la terapia narrativa, y desarrollar una plataforma común en la que cada uno de los modelos que voy aprendiendo puede irse integrando como las piezas de un rompecabezas. En resumen, hoy en día cuento con una caja de herramientas que incluyen: comprensión psicodinámica de los casos, psicoterapia gestalt, focusing, hipnoterapia, EMDR, terapia narrativa, constelaciones familiares… Y son eso, herramientas y nada más. Las uso desde una perspectiva humanista -centrada en el cliente y sus necesidades-  y, por supuesto, orientada a encontrar soluciones.